¿Es la mujer menos sexual que el hombre? 10 claves para entenderlo

Bastó con darle permiso para vivir su sexualidad cómo y con quien le apeteciese para que la mujer hiciese del placer genio y figura. Esto ocurrió el día en que pudo contar, sin miedo al escándalo, que le basta entre dos y cuatro minutos para llegar al clímax, que se masturba casi a diario o que se excita más rápidamente y con mayor intensidad que el promedio de los hombres.

Y una vez que estalla la barahúnda, no le importa ya mostrarse como una mujer muy sexual que, según nos relata el psicólogo Santiago Frago, director del centro sexológico Amaltea, utiliza un repertorio asombroso de estrategias para seducir y disfrutar. Descubrimos que, ante un estímulo erótico, responde tan rápido como un hombre: en 10 segundos. Y resulta que casi la mitad de las mujeres son multiorgásmicas y que un 30% usa la masturbación como el más eficaz de los ansiolíticos cuando quiere aliviar algún dolor o conciliar mejor el sueño.

 

Roto, casi definitivamente, el candado del pudor, se atreve a hablar por fin de sexualidad y lo hace de manera muy explícita. Sus palabras delatan que su juego erótico está mucho más desarrollado. Y, por una vez, los años favorecen a la mujer. “Las chicas jóvenes tienen mucha fuerza, ilusión y ganas de enamoramiento, pero el auténtico deseo va tomando fuerza a partir de los 35 y desde ahí su nivel erótico va ‘in crescendo’”, explica Frago, quien no pasa por alto la confusión que crea al hombre la mujer sexual: “Se asusta porque no sabe cómo será su respuesta sexual ante una amante que ha tomado la iniciativa con tal fuerza erótica”.

¿Qué está pasando? ¿No era el hombre el que tenía una sexualidad más ruidosa y pensaba en sexo unas 7.200 veces por día? Para empezar, conviene aclarar que un grupo de investigadores de la Universidad Estatal de Ohio se tomó la molestia de computar sus pensamientos sexuales y moderó la cifra bastante: 19 veces por día. Hubo, no obstante, algún voluntario que llegó a 388 pensamientos.

Quizás deberíamos empezar a invertir frases como “el hombre necesita sexo, la mujer cariño“. Raymond Rosen, investigador del New England Research Institute, detectó que el abrazo es uno de los mejores indicadores para predecir la felicidad masculina en su relación de pareja. Para la mujer lo es la satisfacción sexual. El hombre busca en sus encuentros sexuales el acercamiento a su pareja y un grado mayor de intimidad con ella. Y esto precisamente acrecienta su deseo sexual.

Gloria Arancibia, psicóloga y autora de ‘Placer y sexo en la mujer’, concluye que pensar que la mujer es menos sexual que el hombre es una idea errónea: “El deseo está presente en el ser humano, con más o menos intensidad, pero independientemente de que uno sea hombre o mujer”. ¿Qué ha llevado entonces a subestimar la sexualidad femenina? La psicóloga menciona algunas de las causas:

  1. El peso del coito. Se le ha infundido una sexualidad dolorosa y cargada de vergüenza, culpa o miedo ante el riesgo de infecciones y embarazos. Esto le ha provocado que considere el sexo una fuente de malestar e insatisfacción que le aboca a la desgana o a la renuncia del placer.
  2. Una mordaza para el placer. Nunca se le permitió expresar su deseo. Como consecuencia, su silencio ha supuesto un grave perjuicio para la relación de pareja.
  3. La cultura le ha negado estímulos eróticos. La pornografía, la publicidad más sugerente, los juguetes eróticos… todo está diseñado para excitar al hombre.
  4. Mercadotecnia masculina. Se ha cosificado el cuerpo de la mujer. Ha aprendido a ser deseada, pero no a desear o a conectar con su propio deseo.
  5. Discursos masculinos. El hombre contabiliza sus conquistas. La mujer las oculta. Y se la juzga desde los extremos: castidad y pureza o inmoralidad total.
  6. Confusión: Sexualidad igual a reproducción, como si esta fuese el único fin, algo que ha sucedido durante muchas generaciones.
  7. Desconocimiento. Al contrario que el hombre, anatómicamente le resulta más complicado acceder a sus genitales. No se le ha enseñado a formarse una visión de sus genitales como zonas erógenas, sino como motivo de problemas.
  8. Necesidad de alimentar el ego masculino, aunque el 60% quede insatisfecha. Solo ahora su sexualidad empieza a pertenecerle y se deja llevar por sus sensaciones.
  9. Acto estrictamente genital. Para sentir placer, la mujer necesita poner en juego sus sentidos y desarrollar un arte de amar. ¿Cuántos encuentros sexuales terminan en el orgasmo masculino y su eyaculación? Ella piensa que el erotismo empieza en el café de la mañana y ya no acaba. Tradicionalmente, para el hombre ha empezado y terminado en la cama.
  10. Excelente coartada masculina. Esgrimiendo razones biológicas y culturales, se han querido justificar comportamientos de abuso en la pareja. Ni siquiera sus niveles de testosterona disculparía actitudes derivadas de un supuesto incansable deseo sexual.

 

fuente: yo dona