Después de cinco años de relación, ¿nos mimetizamos con la pareja?

Si formásemos un revoltijo de mujeres y hombres elegidos al azar, seguramente no tardaríamos en emparejar cada oveja con su pareja. Deteniéndonos en sus rasgos faciales, movimientos, estilo o actitud, descubriríamos cuánta verdad hay en eso de que dos que duermen en un mismo colchón…

  1. Ganan kilos en la misma proporción. Más del 45% de las mujeres confiesa comer peor cuando está en pareja. Y lo peor viene cuando la comida es mayor fuente de placer que la vida sexual.
  2. Visten parecido y aumentan en su armario las prendas unisex. En las redes sociales la tendencia se llama Copycat Couples.
  3. Sonríen y gesticulan igual, lo que les hace desarrollar un físico sorprendentemente parecido.
  4. Se arrugan igual. Si son felices, sonreirán mucho. Si viven en continua cizaña, el rictus será de crispación. En uno y otro caso, las arrugas se marcarán en las mismas zonas.
  5. Comparten puchero o ayuno, según la ocasión. Como consecuencia, serán más o menos obesos, más o menos esbeltos, pero a la par.
  6. Se mueven parecido. Y por desgracia, muchos hombres y mujeres empiezan a perder aptitud física después de la boda.
  7. Discuten igual. Aquellas parejas que con el tiempo no aprenden a moderar la discusión sufren un riesgo mucho más alto de estrés, depresión y diabetes, según el Instituto de Medicina del Comportamiento de la Universidad de Ohio.
  8. Se sientan en la misma posición. ¡Incluso pelean por el mismo lado del sofá!
  9. Alardean de cosas idénticas. El entorno y los factores ambientales generan peculiaridades similares. Por eso, los habitantes de muchas localidades se parecen también entre sí.

Visto así, podríamos pensar que la convivencia en una pareja sincronizada fluye feliz y con escasos conflictos. Incluso la sensación de seguridad y estabilidad seguramente es mucho mayor. ¿Pero para qué tanta sinfonía? ¿Dónde queda la chispa de la relación? El escritor y coach de parejas Fady Bujana tiene la impresión de que en estas parejas ha muerto la pasión. “Una cierta de dosis de conflicto -y me refiero a la divergencia de opiniones entre dos personas, sin que haya que discutir por ello necesariamente- alimenta la pasión y aporta variedad, aventura y curiosidad a la relación, o sea crecimiento”.

¿Cómo encontrar entonces ese equilibrio entre las diferencias infranqueables y la sincronía asfixiante y a veces tan incómoda para los demás? “Es importante -responde Bujana- ser capaces de aportarse mutuamente algo de estabilidad en una vida ajetreada, pero también permitirse crecer juntos dentro de la pareja y buscar que esos hábitos que, queramos o no, nos van a igualar sean al menos positivos”.

Si, por el contrario, admitimos esa sobredosis de sincronía, Bujana anticipa una segunda gran baja que se producirá en la pareja, el erotismo. “Entonces un refugio común suele ser la comida, la tele o cualquier otra actividad que permita disfrazar el distanciamiento sexual y esa pérdida de pasión”

Cuando la relación va bien, el protagonista principal es tu propia pareja. Cuando va mal, o bien se suspende la función o bien se dirige la energía sexual hacia otra parte. Y eso es el principio de la ruptura. “Sin erotismo -dice-, no hay pareja, por mucho que sus hábitos sean comunes. Puede haber más o menos sexo, pero difícilmente habrá pasión”.

Es importante por ello aprender a manejar el arte de mantener la tensión entre la estabilidad y la variedad, más teniendo en cuenta que, según las estadísticas de la compañía DiaproKal, alrededor del 75% de las personas confiesan que sus hábitos de vida, alimentarios y de actividad física están condicionados por los de su pareja.

 

Estáis de acuerdo??

 

 

 

fuente: yodona

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