El amor engorda, lo dice la ciencia, toma nota!

Es algo que has sentido, y nunca mejor dicho, en tus propias carnes. En cuanto una relación se estabiliza, llegan los kilos. Y la ciencia lo ha corroborado: según un estudio llevado a cabo en la universidad de Queensland en Australia, tener pareja aumenta las probabilidades de ganar peso.  Descubrieron que al consolidarse una pareja, la media de peso aumentado por los sujetos del estudio era de 4,5 kilos. Lo más curioso es que en ambos casos las parejas estables no tienen en general peores hábitos de alimentación que los que estaban solteros. ¿Cuáles son entonces las causas de este aumento de peso?

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Ya no buscamos impresionar a nuestra conquista

Al empezar una relación estamos muy pendientes de nuestro aspecto. No queremos decepcionar al contrario, por lo que estamos alerta de lo que pueda suponer un aumento de peso. Cuidamos más la alimentación y nos machacamos en el gimnasio, no estamos aún lo suficientemente seguros de nuestro atractivo físico. Pero a medida que la relación se consolida nos relajamos; ya no nos preocupa tanto nuestra apariencia, cae alguna que otra terrina de helado mientras vemos una serie en pareja, empezamos a tomarnos unas cañas al salir del gimnasio, a dejarnos seducir esa paellita en la playa que tanto nos gusta a los dos.

Solución: Para que no os dejéis llevar y sucumbáis a una vida conjunta de perfecto hedonismo y unos cuantos kilos de más, diseñad juntos un calendario de los placeres que podéis permitiros, algo así como “solo tomar cañas al salir del gimnasio durante el fin de semana” –el resto de días, no hace falta beber alcohol, cambiar por cerveza sin o, mejor aún, un zumo natural–; o “nada de helado viendo una serie, nos tomamos una ración antes de encender el televisor y solo en ocasiones especiales”. Que vuestros excesos pasen a ser premios controlados.

Los hijos

Durante el embarazo muchas mujeres ganan un peso que no acaban de perder tras dar a luz. Sin embargo, el mayor problema no es ese, sino uno que afecta a la pareja: la comida extra que se tiene en casa cuando hay niños –y no digamos ya adolescentes–. Solo hay que abrir la nevera de un hogar para saber si hay niños: abundan alimentos de todo tipo. Por muy sanos que nos alimentemos, la tentación de picar es mayor. Hallarás más quesos y embutido, más carne, más aperitivos, más dulces. Y con todo ese arsenal a mano, es difícil resistirse, sobre todo cuando un producto está a punto de caducar.

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Solución: No solo por tu bien, también por el de tus hijos. Nada de patatas fritas, nada de bebidas carbonatadas, nada de bollería industrial. Eso no son premios, son bombas de relojería que luego estallan en la edad adulta. En cuanto a ese trozo de queso que si no se acaba hoy se pone verde, nada de comerlo de una tacada; haz que vaya a parar a una ensalada que devoraréis en familia.

Se duerme menos

Ya vimos que dormir poco o mal nos hace engordar. Compartir almohada a menudo supone menos espacio, ronquidos, luces, en fin, miles de pequeños o grandes factores que nos impiden disfrutar de un sueño reparador. Eso nos afecta más profundamente de lo que creemos, no solo aumentamos de peso, además nos encontramos más cansados e irritables.

Solución: Si el problema son los ronquidos, acude a un profesional, la razón por la que tu pareja (o tú) roncáis puede ser un tabique torcido, o un resfriado, pero tal vez sea una apnea del sueño. Un médico sabrá como tratar cada caso. Si el problema persiste, más vale poner un tabique por en medio y dormir en habitaciones separadas, cual monarcas de antaño, y evitar que vuestra relación sufra y se deteriore por falta de ese descanso necesario y reparador.

Esas fiestas a puerta cerrada

Cuando estás con una pareja estable, te vuelves perezosa. No tienes ganas de salir a cenar fuera, o ver amigos, tienes todo lo que necesitas en “tu nidito de amor”. Eso está muy bien, pero, a veces, lo que solo reservabas para una salida de fin de semana se empieza a convertir en un hábito indoors. Es muy raro que alguien abra una botella de vino cuando está solo, pero en pareja es de lo más normal, el premio a ese estresante día aguantando al jefe. Comentáis la jugada y os reís, os relajáis, y para cuando os queréis dar cuenta ya estáis descorchando otra. Y sacáis unas aceitunas y un poco de queso para picar. De pronto, tenéis la fiesta montada en casa, sin comerlo ni beberlo (bueno, eso sí).

Solución:

Una fiesta improvisada siempre es bien recibida. Excepto si se convierte en algo habitual. Controlad los dos que si os tomáis una copa al llegar a casa, que sea solo una y en ocasiones excepcionales. Podéis comentaros lo acaecido en el día frente a una infusión, o un zumo natural, y las anécdotas serán exactamente las mismas. Dejad que la magia fluya, sin el acicate del alcohol. No lo necesitáis. En lugar de esa copa de vino de antes de la cena, calzaos las zapatillas y echad una carrerita. Podéis conversar mientras trotáis por las calles, así, en lugar de ganar peso, quemaréis calorías, os sentiréis mejor y aumentará vuestra complicidad.

 

fuente: womens health

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