¿Qué es la libido?

¡Qué difícil es explicar el tema del género cuando hablamos de sexo!
Con esta contundente exclamación no quiero comenzar a dar una charla sobre transexualidad o hermafroditismo ya que en este caso sólo me voy a centrar en el significado gramatical de la palabra.
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¿La libido o ‘el’ libido?

Según la RAE se trata de un sustantivo femenino por lo que adjuntar al nombre el artículo el (masculino) daría lugar a un error gramatical.

¿Se escribe con ‘b’ o con ‘v’?

¡Evidentemente con b ! Si nos referimos a lívido con v estaríamos hablando de algo ‘amoratado’ o ‘pálido’ y que nada tiene que ver con el sexo.

¿Lleva acento esta palabra tan escurridiza?

No lleva acento. El término libido puede que sea uno de los más sufridores en erratas a nivel gramatical y es que no es raro que dé lugar a confusión. Además, solemos convertir la palabra en esdrújula cuando la pronunciación debería ser la equivalente a la de una palabra llana.

Hablemos de sexo…

Una vez aclarado el contenido gramatical del término vamos a centrarnos en lo que realmente nos interesa como seres humanos sexuados: ¿qué factores influyen a la hora de tener ganas de practicar sexo? La libido sería al sexo lo que el apetito al hambre. Es por ello por lo que muchos describen este estado como apetito sexual.

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¿Qué es lo que realmente potencia la libido? ¿Este estado influye por igual a hombres que a mujeres?

Hay multitud de factores que determinan la libido de las personas pero el más determinante es sin duda la excitación. Hombres y mujeres no se excitan por igual ni con las mismas cosas. Mientras que ellos consiguen llegar a tener una erección simplemente con la imagen impregnada en su retina de unos senos, ellas necesitan algo más que ver un pene para “ponerse a tono”

Otra gran diferencia entre hombres y mujeres es la influencia de las hormonas en la libido. El ciclo menstrual convierte a las féminas en hormonas andantes las cuales influyen de manera positiva o negativa en su nivel de excitación. En los días anteriores a la ovulación ellas son mucho más receptivas al sexo por el aumento del nivel de estrógenos. No ocurre lo mismo tras un parto pues, el cuerpo tras dar a luz genera prolactina, o lo que es lo mismo, la hormona del antideseo. Por eso tras el alumbramiento muchas mujeres disminuyen su apetito sexual.

La salud mental también influye en la libido de las personas. Los factores psicológicos son determinantes a la hora de practicar sexo. La salud física condiciona la fortaleza mental por lo que no gozar de un buen estado de salud implica desgana a la hora de hacer frente a una relación sexual. Dormir poco, el estrés y las preocupaciones, la falta de tiempo e incluso la ingesta de algunos medicamentos intervienen de forma negativa en nuestra recepción y aperturismo hacia el sexo.

Freud, la libido y la energía vital

Si alguien ha hablado con especial interés sobre este tema fue el psicoanalista Sigmund Freud a la que se refería como la energía vital de cada persona. No iba mal encaminado pues, si una persona no se encuentra bien con uno mismo o su estado de ánimo no derrocha energía y felicidad es incapaz de transmitir buenas vibraciones al resto de seres humanos.

En este contexto ni hombres ni mujeres podrían disfrutar de las relaciones sexuales y mucho menos sacar de dentro la energía suficiente como para utilizar la cama para algo más que para dormir.

Para Freud la energía psíquica profunda es la que orienta el comportamiento hacia un fin y se descarga para conseguirlo. La traducción sería que el nivel de excitación emana de dentro hacia fuera e impulsa a las personas a mantener relaciones sexuales con el fin de saciar las ganas de sexo.

 

fuente: gonzoo

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