Ojo! ETS Silenciosas!

En las últimas décadas, el número de personas diagnosticadas con ETS ha crecido exponencialmente y la tendencia no parece parar.

La mayoría de ETS tienen un periodo de incubación y, por tanto, no suelen aparecer síntomas hasta pasados unos días o incluso tres semanas”. A continuación enumeramos, con ayuda de los expertos, las ETS de las que nos podemos contagiar sin enterarnos y sus consecuencias.

GONORREA

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La causa la bacteria neisseria gonorrhoeae y, aunque era una enfermedad casi olvidada, está en aumento. Las tasas de incidencia en hombres son superiores a las de mujeres en todos los grupos de edad.

Síntomas en las mujeres: aunque los primeros síntomas pueden ser leves, con el tiempo pueden sufrir hemorragias entre reglas, secreciones vaginales e incluso desarrollar la enfermedad inflamatoria pélvica que cause problemas de fertilidad.

Síntomas en los hombres: puede ser asintomática, aunque también puede causar dolor al orinar y secreción en el pene.

Tratamiento: antibióticos para ambos.

 

TRICOMONIASIS

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La provoca el parásito trichomonas vaginalis que se propaga a través de las secreciones sexuales. Cerca del 70% de las personas infectadas no presentan síntomas y se desconoce qué es lo que hace que el 30% restante si los presente.

Síntomas en las mujeres: secreción vaginal anormal, así como picazón y ardor. Además, en las mujeres embarazadas, puede provocar partos prematuros y, según la Clínica Mayo, “podría facilitar que la mujer contraiga VIH, el virus que causa sida”.

Síntomas en los hombres: picor o ardor al orinar y al eyacular.

Tratamiento: antibióticos para ambos.

 

CLAMIDIA

Se trata de una infección silenciosa ya que no presenta síntomas en la mayoría de casos y la única manera de descubrirlo es a través de un test. Que sea asintomática no significa que no pueda conllevar problemas más complicados.

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Síntomas en las mujeres: aumento de las secreciones vaginales, dolor durante la micción y la enfermedad inflamatoria pélvica que puede derivar en problemas de fertilidad.

Síntomas en los hombres: secreción inusual por pene, dolor durante la micción o edema testicular. En la mayor parte de casos, explican los expertos, no conlleva más problemas de salud.

Tratamiento: antibióticos para ambos.

 

HERPES GENITAL 

Enfermedad causada por el virus del herpes simple, que cuando contagia permanece en el cuerpo para siempre, es decir, no tiene cura. En general se manifiesta con brotes de llagas o ampollas en el área genital pero con el tiempo estos brotes se van espaciando y pasan largas fases latentes (de años). Pero ojo, su contagio también se puede producir en una fase latente. Al igual que las demás ETS, es necesario avisar a las parejas sexuales para que puedan tratarse y prevenir su propagación.

Síntomas (ambos sexos): se manifiesta con brotes de llagas o ampollas en el área genital que con el tiempo se van espaciando y pasa a largas fases latentes (de años) en las que también se puede contagiar.

Lo que puede ser una temporada de apuro con una llaga incómoda en un hombre, en una mujer puede tener consecuencias más complicadas. Si está embarazada durante el contagio se puede producir un aborto espontáneo o un parto prematuro. Además, el virus podría transmitirse al bebé durante el parto provocándole daños de diversa consideración.

Tratamiento: no existe un tratamiento específico, se tratan los síntomas.

 

SÍFILIS 

Síntomas (ambos sexos): la causa una bacteria llamada treponema pallidum y los síntomas que provoca son chanco sifilítico (úlcera), diseminación exantema cutáneo (erupción), así como en fases tardías, alteraciones neurológicas y cardiovasculares.

Tratamiento: antibióticos para ambos.

Tanto para los casos de sífilis como del resto de enfermedades de transmisión sexual los expertos recomiendan abstenerse de mantener relaciones sexuales mientras se esté tomando el tratamiento y haya lesiones

 

VIRUS DEL PAPILOMA HUMANO 

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Aunque afecta tanto a hombres como a mujeres la responsabilidad de su prevención a través de la vacunación recae principalmente en las mujeres, que son las que se vacunan. Sin embargo, expertos como virólogo alemán, premio Nobel de Medicina, Harald zur Hausen, aseguró para El País que se debería vacunar al 100% de la población: “Los chicos tienen la responsabilidad de no infectar a sus parejas. Para mí, ese motivo ya sería suficiente como para vacunar”. Cabe recordar que el VPH es el causante del 99,9% de los casos de cáncer de cuello de útero y también de muchos casos de tumores en el ano, en el pene y en las cavidades faríngea y bucal.

Síntomas (ambos sexos): puede ser asintomático, pero también pueden aparecer verrugas y condilomas y derivar en cáncer si no hay un control ginecológico.

Tratamiento: una vez contraído, no existe un tratamiento para acabar con el virus, aunque las lesiones se pueden extirpar y tratar.

 

fuente: el pais

 

La sangre como lubricante y otras prácticas sexuales peligrosas

En el sexo todo está permitido hasta que se sobrepasa la línea de lo saludable. Está claro que no vivimos en una sociedad homogénea donde todas las personas estamos cortadas por el mismo patrón, pero existen una serie de normas básicas para la convivencia entre seres humanos. Hay quienes se pasan estos ‘códigos’ del sexo por el forro y prefieren experimentar con los límites, incluso poniendo en juego su propia salud.

Jugar con enfermedades es un riesgo que algunos asumen a la hora de mantener relaciones sexuales con otras personas. La excitación para ellos se basa en poner en peligro su vida por el posible contagio.

Blood Play

Este Fetiche utiliza la sangre como elemento indispensable en las relaciones sexuales. Por supuesto, si la chica está con la regla, los y las amantes de esta práctica están de enhorabuena, pues no hará fatal recurrir a cortes o incisiones en la piel para lograr extraerla del cuerpo.

Como su propio nombre indica, esta práctica invita a jugar con la sangre, utilizarla de lubricante, lamer heridas, restregarla por el cuerpo e, incluso, probarla. Se define como hematolagnia la atracción física por la sangre a través del olfato, la vista o la textura, y la excitación que provoca en una persona. Lo normal es que los cortes se realicen mutuamente, pues lo que importa es la sangre del ‘amado’. Cabe recordar que una de las principales vías de contagio de enfermedades se produce a través de la sangre; por eso, jugar con ella es un gran riesgo.

La ruleta rusa del VIH

La ruleta rusa no es ningún juego, sino más bien jugarse la vida. Es la absurdez llevada al extremo donde la meta es sobrevivir a una bala. Las posibilidades de hacerlo solo son fruto del azar, al igual que en la ruleta rusa del sexo.

Esta práctica consiste en mantener relaciones sexuales “a pelo” sabiendo que una o varias personas presentes en la orgía están infectadas por el VIH. A mí, nosotros solo de pensar en la idea, personalmente nos da más miedo que placer.

 

Zoonosis

Las infecciones que se transmiten de los animales a los seres humanos se llaman zoonosis. Algunas pueden ser transferidas a través del contacto casual, mientras que otras se transmiten por las actividades que exponen a los seres humanos a sangre, semen, fluidos vaginales, orina, saliva y heces. Esto significa que la actividad sexual con los animales es una actividad de alto riesgo, además de ser considerado un delito de maltrato animal.

 

Echar un polvo con fiebre

Hay personas a las que les pone a cien hacerlo con gente que tiene fiebre. La temperatura corporal provoca reacciones diferentes en el cuerpo de la persona enferma. El investigador suizo Manfred Schedlovski afirmó, tras realizar un estudio, que practicar sexo puede curar un resfriado y que esto se debe a que refuerza el sistema inmunológico y lo estimula para combatir la enfermedad.

 

Te has quedad tan flipado como nosotros??

 

 

 

 

fuente: gonzoo

 

De la extracción del látex a las pruebas de calidad: así se hace un preservativo

Los  preservativos o condones son uno de esos objetos cotidianos que muchos manejan de forma instintiva pero en la que no se paran a pensar. Pero tras algo en apariencia tan simple y básico hay en realidad mucha evolución, mucha innovación y un proceso productivo muy cuidadoso y controlado. No en vano, la salud de muchas personas depende de que cumplan su función de forma cómoda y sin fallos.

Los condones tal y como los conocemos hoy nacieron en el silgo XIX. Ya siglos antes los humanos habían buscado formas más o menos toscas de evitar embarazos y enfermedades al practicar el sexo, no fue hasta 1839, fecha en la que Charles Goodyear descubrió la vulcanización, cuando el caucho se convirtió en el material principal con el que se comenzaron a fabricar los preservativos.


Goodyear descubrió que calentando caucho crudo en presencia de azufre, la unión entre sus moléculas se fortalecía, haciéndolo más elástico y resistente. Así, comenzó a utilizarse el caucho como materia prima para fabricar profilácticos.

Aunque mejoraba los productos anteriores, los condones de caucho no siempre eran sencillos de conseguir ni fáciles de utilizar. Se anunciaban como reutilizables, tenía que recomendarlos el médico según las medidas de cada paciente y su vida útil no era muy larga, sobre todo si se utilizaban combinados con lubricantes de base oleosa, que podían deteriorar la goma.

El látex revoluciona el proceso

Décadas después, en 1919, Frederick Killian revolucionaba el proceso de fabricación. En vez de dar forma a caucho vulcanizado, comenzó a sumergir moldes directamente en látex líquido y a vulcanizar el resultado a posteriori. Esto daba como resultado preservativos más finos y más baratos, que duraban más tiempo en buenas condiciones.

Hoy, el 99% de los condones que se venden en el mundo están hechos de látex y tienen una forma más o menos parecida: un tubo de unos 15 o 16 centímetros de largo, unos 5 de ancho y 0,07 milímetros de grosor,(actualmente los puedes encontrar por tallas) recubierto o bien de una capa de polvos o de lubricante para evitar que se pegue y facilitar su uso. A continuación repasamos el procedimiento por el que se fabrican, se ponen a prueba y se empaquetan para su venta.

El látex con el que se hacen los preservativos proviene de los árboles de la siringa, en Brasil, el sudeste asiático o el oeste de África. La corteza de estos árboles se talla en espiral, por donde resbala la savia que se recoge en cubos.

A esto se le añaden: productos anti fúngicos y antibacterianos, óxido de zinc para acelerar la vulcanización, estabilizadores, anticoagulantes y, según los casos, preservantes, colorantes y aromas. Estos productos prolongan la vida del látex en buen estado, evitando que se degrade y se rompa en el peor momento.

Moldes de cristal para darles forma

El látex y todos sus añadidos se vuelca en barriles, en los que se sumergen moldes de cristal o cerámica, suspendidos en cintas transportadoras, que los hacen girar al sumergirse para que el látex los recubra de forma homogénea. Los moldes se secan y se hunden una segunda vez (e incluso una tercera) en el látex, para que sean de un grosor suficiente para evitar roturas.

Un suave cepillo frota el extremo abierto del preservativo hasta que se enrolla levemente, formando el reborde que lo hace más fácil de colocar. Una vez dada la forma, los moldes entran en el túnel del horno, donde se calientan hasta vulcanizarlos.

Después, los condones se retiran del molde y van a parar a grandes máquinas lavadoras para eliminar olores, así como residuos que hayan podido quedar adheridos, patógenos o sustancias alergénicas. Una vez terminada esta fase, los preservativos ya están hechos, y solo queda poner a prueba su calidad.

Pruebas para asegurar su calidad

El papel de un preservativo es delicado. Es importante que no falle, sobre todo en tres aspectos cruciales: que no se rompa, que no resbale y que no tenga pérdidas.

Para comprobarlo, se realizan pruebas a muestras al azar, tanto antes de ser empaquetados como después, para asegurar que todas las unidades que salen de las fábricas cumplen con los estándares de seguridad.

Algunas de las pruebas sirven para asegurar la resistencia a la tensión del látex. En una de ellas se estira todo lo posible una sección circular de la zona central de un preservativo, para asegurar que resiste lo necesario antes de romperse. Con el mismo objetivo, se inflan con aire, como si fuesen globos, para evaluar su fuerza: si estallan antes de alcanzar un volumen determinado, se consideran defectuosos.

Para comprobar que no hay pérdidas, se hacen dos tipos de prueba. En la primera, los condones se ponen en moldes metálicos y se sumergen en una solución eléctricamente conductora. Cuando la corriente pasa por esa solución, alcanza el molde metálico si hay algún tipo de orificio en el látex, algo fácil de detectar de esta forma. Lo mismo se hace en seco, utilizando una carga eléctrica aún mayor. Si el látex no funciona perfectamente como aislante, es decir, si está perforado de alguna forma, se quema o derrite, y esa remesa se descarta. En la segunda, los preservativos se llenan de agua, y se observa si filtran por algún sitio.

Una vez pasados los test de seguridad, los condones están listos para ser envasados y empaquetados. A partir de los moldes, se enrollan completamente y se les aplica lubricante, que a la vez ayuda a que se conserven más tiempo. Esto se hace justo antes de colocarlos entre dos láminas de papel metalizado y sellarlos en su interior. Esto los mantiene a salvo tanto del aire como de la luz ultravioleta, que pueden deteriorar los preservativos. En el envase también se imprime una fecha de caducidad, que tiene que estar dentro de los cinco años siguientes a la de producción.

Actualmente en el mercado existe una gama de preservativos muy amplia y para todos los gustos y colores.

Desde los preservativos de sabores, hasta los granulados, efecto frío o calor y hasta fluorescentes.

También podéis encontrar otros materiales alternativos al látex para personas que presenten alergias y preservativos femeninos para intercambiar un poco el rol de colocarse el condón.

Sácale el lado divertido y varia en el uso utilizar preservativos, seguro que te ayudan a darle un toque distinto a tus relaciones de pareja.

 

fuente: el confidencial