8 razones para caer en la tentación de la infidelidad

Uno de los mayores desafíos para las parejas es la monogamia. Lo confirman las encuestas y las estadísticas de divorcios. La fidelidad se ha convertido en un bien escaso y frágil, y en un fascinante objeto de estudio de psicólogos como Dylan Selterman, profesor en la Universidad de Maryland (EEUU) y autor de una investigación publicada recientemente en la revista ‘The Journal of Sex Research’ sobre las razones que nos conducen al engaño.

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Para ello habló con 495 personas, infieles confesos, hombres y mujeres. De esas conversaciones extrajo los ocho motivos que nos pueden hacer caer en la tentación. Casi siempre es una combinación de varios de ellos y como se podía esperar, hay claras diferencias de género:

1. Desamor. La excusa para el 77% de los hombres y el 79% de las mujeres. En este caso, la infidelidad es la antesala de la separación, la consecuencia práctica de una verdad que todavía no se tiene el valor de revelar.

2. Desatención (62% de hombres; 77% de mujeres). Como se ve, ellas necesitan más alimento emocional y si no lo tienen…

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3. Falta de compromiso (46% de hombres; 40% de mujeres). Es un pretexto recurrente en las relaciones donde no se refuerza el vínculo al no estar seguros de los sentimientos que se comparten.

4. Venganza (43% de hombres; 45% de mujeres). La respuesta visceral a la sospecha o el conocimiento de la infidelidad del otro.

Las emociones están en la naturaleza de estas cuatro explicaciones. En las otras solo hay curiosidad y deseo:

5. Por variedad (87% de hombres; 63% de mujeres). Los que se reconocen en este apartado, sobre todo hombres, no se resignan a compartir cama con una sola pareja cuando el mundo te ofrece tantas oportunidades.

6. La situación (79% de hombres; 66% de mujeres). Una fiesta descontrolada, una noche acalorada… Yo no lo busqué, pero…

7. Autoestima (55% de hombres; 60% de mujeres). A veces no hay mayor tentación que sentirse deseado por otras personas, porque eso significa que conservas un atractivo que quizá creías perdido.

8. Puro sexo (45% de hombres; 21% de mujeres). La insatisfacción por lo que compartimos en casa puede llevarnos a buscar el placer fuera, aunque esta no sea una razón habitual para las mujeres infieles.

El profesor Selterman completa su estudio con una conclusión que puede resultar transgresora para los creyentes en el amor romántico y único: “Uno de los mayores mitos en las relaciones es pensar que si tu pareja te engaña, algo funciona mal en la relación. No es necesariamente así. Debemos entender que los humanos somos promiscuos y aunque las cosas vayan bien, puedes sentir deseo por otras personas y apetecerte vivir otras experiencias”.

 

fuente: yo dona

Decálogo para protegerse de una Pareja Asfixiante

Primero te seduce y te colma de atenciones. Cuando ya te ha enamorado, empieza a limitar tus movimientos y a querer gestionar tu vida social. Cuando te quieras dar cuenta, ya te habrá aislado de tus amigos y de otras personas queridas. Una vez que te tenga bajo su control, intentará manipular tu mundo. Por momentos creerás enloquecer e incluso conseguirá que llegues a cuestionarte tu estado mental, pensando que así quedarás para siempre bajo su control. Si por esta causa se te ocurre en algún momento perder tu equilibrio emocional, aprovechará esa crisis nerviosa como prueba de un posible trastorno.

Con esta secuencia, el psiquiatra Luis De Rivera describe la situación que se desarrolla en muchos hogares a causa de una pareja controladora y asfixiante. El escenario es similar al que protagonizaron Charles Boyer e Ingrid Bergman en la película ‘Gaslight’ (1944), un clásico del thriller psicológico que sigue repitiéndose en demasiadas parejas.

El mito de la media naranja, y el deseo desesperado de encontrar la otra mitad que nos complete, han convertido muchas relaciones en un rosario de maltratos y humillaciones. “Destruye el yo individual y hace que en esa fusión de hombre y mujer, uno acabe devorado por el otro”, indica De Rivera. El motivo fundamental es la inseguridad de la parte de la pareja que pretende controlar el mundo de los dos. “Esa inseguridad -dice- deriva en celos, desconfianza y miedos. El amor se transforma entonces en apego, una emoción que implica dependencia y necesidad de conjugar cada verbo en plural. En el amor existe confianza y gusto por compartir, pero también un espacio vital y físico para cada uno. En el apego, sin embargo, solo hay una actitud posesiva que lleva al maltrato psicológico y, en ocasiones, a la violencia física o sexual”.

 

Este sentimiento de apego resulta letal para la pareja, pues acaba por minar el amor. Es también destructivo para el individuo, tanto para el que sufre el control como para quien tiene esa necesidad de dominar e inspeccionar cada movimiento de la persona que cree amar. “La persona asfixiante normalmente sufre soledad y una falta de seguridad en sí misma. Y eso es lo que le vuelve posesivo. Convierte a su pareja en sospechosa, no sabe de qué, y necesita revisar su bolso, curiosear en su móvil, examinar sus redes sociales y seguir sus pasos. Cualquier incidente levanta su sospecha. Y reacciona. Los arranques de pasión e ira se hacen constantes e insoportables”.

Una personalidad tan obsesiva y controladora es habitualmente el resultado de una carencia afectiva que se arrastra desde la infancia. “Muchos niños que crecen con miedos, falta de amor e inseguridades pasan a ser adultos con una necesidad enfermiza de sentirse queridos. Por eso, se aferran a su pareja con el temor constante de la pérdida y del abandono”, explica el psiquiatra.

Es un comportamiento tan común en hombres como en mujeres. Son personas dependientes e inestables emocionalmente. El sufrimiento que transmiten es tal que, en lugar de atraer a la pareja, hacen que se aleje cada vez más, a pesar del amor.

De Rivera deja claro que esta actitud despótica, además de abominable, resulta inadmisible: “Lo normal en la relación es sentirse libre y, cuando no es posible, tratar de interrumpir este ciclo de acoso desde la primera señal”.

  1. Si su necesidad de control es persistente, no confundir su conducta con una muestra de amor romántico. No existe nada que lo justifique.
  2. No permitir que se haga cargo de todas las tareas y responsabilidades. Esto le permite hacerse fuerte en su conducta posesiva.
  3. Actuar con tranquilidad. Quien vive sintiendo el martillazo constante comete más errores y sufre, por tanto, de manera más intensa esa sensación agobiante de su controlador.
  4. Por más que el otro insista, no descuidar jamás el círculo de amistades y familiares.
  5. dentificar los hábitos de la persona obsesiva y no tolerar esos métodos de asedio que vulneran el espacio personal y privado: Llamadas continuas, hacerse con cualquier contraseña, afán por colarse en todas las conversaciones u obsesión por conseguir los números de teléfono de toda la familia, amigos y compañeros de trabajo.
  6. Acostumbrarle a que el teléfono móvil, igual que otros dispositivos, pertenecen a la esfera privada y son inviolables.
  7. No cometer el mismo error de controlar sus pasos. Nada de peleas, venganzas o noches en vela a causa del sufrimiento. Hay que tratar de atenuar el dolor y ser proactivo.
  8. Marcar distancia. No existe disponibilidad absoluta para el sexo, para responder a sus llamadas o para atender sus requerimientos las 24 horas del día.
  9. Si persiste el amor, intentar fomentar su autoestima y valorar con él la posibilidad de buscar ayuda psicológica o una terapia de pareja.
  10. No buscar un único culpable. Cada uno debe responsabilizarse de su parte de la situación creada y tomar las medidas necesarias para conseguir una vida en común armoniosa.

Como advierte el psiquiatra, puede que el amor no sea suficiente para lograr ese espacio íntimo e infranqueable. Si a pesar de todo esfuerzo, la relación ahoga e impide el crecimiento y desarrollo personal, quizá una ruptura a tiempo evitará mayor desgaste físico y psicológico.

 

fuente: yodona

¿Por qué los hombres miran a otras mujeres?

Un estudio publicado por Daily Mail sobre los principales problemas de las mujeres con sus parejas cuando se van de vacaciones apuntaba que la mayoría de las discusiones se producen cuando sus chicos miran a otras mujeres en la playa.

Un hombre heterosexual debe tener una gran fuerza de voluntad para no fijarse en un cuerpo femenino, aunque sea el hombre más fiel y más cariñoso. Esto no quiere decir que sean unos salidos, sino que al parecer no pueden evitar sentirse atraídos por las curvas de ellas. Ni siquiera el hombre más fiable y amoroso del mundo llega a tener el control absoluto de sus emociones e impulsos.

La principal sensación que aflora en la pareja cuando el chico mira a otra mujer es la de amenaza. Los motivos más comunes suelen ser los siguientes:

  • A pesar de lo atractiva que pueda ser siempre pensará que la otra lo es mucho más que ella.
  • Consideran que mirar a otra aumenta el deseo sexual- Eso las lleva a concluir que existe una insatisfacción sexual que puede desembocar en una futura infidelidad por parte de ellos.
  • A pesar de que el encontronazo visual se haya producido por la mañana, ellas consideran que su chico seguirá pensando en esa mujer horas, días e incluso años más tarde después de haberla visto en biquini.

Mirar no es ser un salido

Está claro que un hombre puede considerar más atractiva a otra mujer que a su propia pareja, pero esto también les ocurre a ellas por una simple razón: no existe nadie perfecto. La diferencia radica en el amor o la pasión que exista entre ambos. La inseguridad solo destruye la desconfianza y genera celos.

En cuanto a los tres puntos anteriores, cabe recalcar que los hombres olvidan rápidamente a las mujeres en las que se han fijado. Lo visual capta la atención durante unos segundos: los mismos que tardan en desaparecer de la mente.

El problema surge cuando ellas son incapaces de olvidar y se siguen comparando con otras. Las mujeres no son una amenaza para las mujeres, pero la inseguridad y los celos sí lo son. Recuerda que lo mejor en esta vida es estar bien con uno mismo y sentirse único aunque esté la mismísima Pamela Anderson desnuda al lado de tu chico en la playa.

 

 

fuente: gonzoo

 

Ser infiel pero no dejar a tu pareja por comodidad

Un estudio llevado a cabo por el portal de citas extra-matrimoniales Victoria Milán asegura que el hecho de tener un o una amante no es motivo para dejar una relación. La web, tomando una muestra de 4.658 hombres y mujeres, arroja un dato: el 76% de los encuestados que reconocieron ser infieles preferían echar un polvo con sus amantes pero no dejarían a sus cónyuges por una simple razón: la comodidad.

La estabilidad une a las parejas, mientras que la monotonía les lleva a conocer a otras personas con las que avivar la llama de la pasión en el sexo. Hay quienes afirman que “echar una canita al aire” fortalece las relaciones y hacen que valoremos aún más a la persona con la que estamos. Lo que para algunos es un argumento que justifica la infidelidad, para otros no deja de ser una burda excusa con la que cubrirse las espaldas en el caso de ser pillados.

Este mismo estudio constata que el 85% de los infieles tampoco dejarían la relación para vivir un nuevo romance con el amante. Esto se podría resumir en que la infidelidad que predomina es aquella en la que solo se busca placer y sexo y no una relación paralela.

¿Es la infidelidad el fin de una pareja?

Hay quienes afirman que si la aventura ha sido simplemente sexual sí perdonarían a sus parejas. Otros consideran que tener un amante y prolongarlo en el tiempo es algo imperdonable que acaba con la relación.

Al final, más que perdonar una infidelidad hay que olvidar una traición. Los que admiten que perdonan pero no olvidan viven pensando que cualquier tiempo pasado fue mejor. Así, jamás conseguirán ser felices del todo con sus parejas, aunque estas no vuelvan a ser infieles nunca. En mi opinión,poner los cuernos no tiene por qué ser el final de una pareja, pero sí el comienzo de una nueva forma de ver la relación.

Perdonar de verdad

Cuando perdonamos una infidelidad no podemos caer en el terrible error de convertirnos en celópatas, de mirar el móvil del otro constantemente, de revisar sus redes sociales, sus correos… En definitiva, cuando perdonamos una infidelidad no lo hacemos con una pistola en la cabeza. La persona a la que le han sido infiel y decide perdonar el acto es consciente de que el daño causado puede llegar a ser incluso menor que el de perder a la persona amada.

Pero ante  todo ello existe la terapia, la comunicación y, si no tiene arreglo, ser valiente y dejarlo con tu pareja cuando deseas a otras personas.

 

Vosotros que pensáis?

 

 

fuente: gonzoo

Parejas de ‘usar y tirar’ , el efecto coolidge

Son infieles, inconformistas y promiscuos. Personas que no se casan con nadie y huyen de las ataduras de la convivencia en pareja. Este tipo de hombres y mujeres están influenciados por el ” efecto coolidge”, es decir, el conjunto de sensaciones que genera tener un nuevo compañero sexual. Se conoce también como “renovación energética del sexo”, cuyo principal reclamo, desde nuestro punto de vista, es: ¡Practica sexo siempre que puedas y las fuerzas te lo permitan, sin pensar en el daño que puedas estar haciendo a los demás!

Esta conducta se ha achacado más a los hombres que a las mujeres. En el reino animal, los machos de diferentes especies se sienten cansados tras aparearse repetidas veces con una misma hembra. Sin embargo, la aparición de una nueva hembra les reactiva el deseo sexual y las ganas de comenzar un nuevo periodo de apareamiento.

Apología de la infidelidad

Este tipo de actos aparece cuando solo hay un macho para fecundar a diferentes hembras. En los seres humanos esto no ocurre, claro, y hombres y mujeres tienen las mismas opciones de saltar de pareja en pareja cuando quieran.

Los promotores de esta tendencia aseguran que cambiar de pareja reactiva el deseo sexual, por lo que no se cortan al hacer apología de la infidelidad. Pero más allá de teorías evolutivas basadas en el reino animal, las ganas o no de tener pareja  y serle infiel no dependen del número de hombres y mujeres que nos rodean, sino de la capacidad de raciocinio de cada uno.

Sexo y Deseo

Los extremos nunca son buenos. Ni la persona conformista que pasa los días con una pareja con la que no tiene ningún tipo de deseo sexual, ni aquella que es incapaz de sentir lo que es el amor de larga duración por la pérdida de libido a los tres meses de estar con alguien. El sexo y el deseo  son dos conceptos que van de la mano y se desarrollan al mismo tiempo que la pareja. En mi opinión, si una cosa no funciona se deja y punto, pero no sin antes haberlo intentado.

Las personas somos animales que vamos despojándonos del instinto a la vez que evolucionamos. Es decir, comenzamos a pensar con la cabeza en vez de con los genitales. El ‘efecto coolidge’ no es una excusa para ser infiel, pero tampoco es malo cambiar de pareja sexual constantemente, siempre y cuando no se prometa amor eterno.

 

 

fuente: gonzoo

 

La mejor hora para tener sexo (y la más propicia para ser infiel)

Llega la hora de la comida y solo piensan en tener sexo. Se ven todos los días, se gustan, pero ninguno de los dos tiene el coraje de dar el primer paso. Ni aunque se sientan cerca son capaces de dirigirse una palabra, solo miradas furtivas, en busca de algún roce o aproximación. Esta es la historia divertida contada por Danny Sagra en la película  ” A Lunch Break Romance” que está dando mucho de qué hablar en foros femeninos y en la que la hora de la comida se convierte en una buena ocasión para flirtear.

Pero, ¿por qué es tan excitante hacer el amor en la pausa para la comida? La sexóloga catalana y vicepresidenta de la Federación Española de Sociedades de Sexología, la doctora Francisca Molero, cuenta que la franja de dos a cuatro de la tarde es en la que más sexo se tiene “por una cuestión de tiempo”.

-¿El estrés del día a día nos hace tener menos sexo?

Suelo tratar a parejas que tienen serios problemas para encajar sus horarios laborales, hecho por el que no le dedican el tiempo suficiente a la actividad sexual. Hay que hacer un esfuerzo, buscar la motivación para encontrar y agendar un hueco porque el sexo es fundamental para que cualquier tipo de relación funcione bien.

-¿Tenemos diferentes biorritmos eróticos?

En una pareja uno puede ser más diurno y el otro más nocturno y en algún momento del día sus biorritmos eróticos coinciden. En este caso, la franja de la comida o la siesta -sobre todo en verano- es el mejor momento para tener sexo. Es un momento que se valora de manera positiva porque en días de trabajo no hay niños a esa hora en casa y las parejas pueden aprovechar para quedar a comer y tener encuentros sexuales.

 

-¿Por qué excita hacer el amor en la pausa de la comida?

Se trata de una cuestión de fantaseo, de morbo y transgresión. Si quedas para comer con la persona a la que deseas estás pensando en que vas a tener sexo. Es muy difícil desear si no piensas en sexo. Sabes que tienes poco tiempo antes de volver a la oficina o de que tu jefe te reclame, hecho que motiva y excita aún más.

-¿Por la mañana o por la noche?

A diferencia de la doctora Mulero, que asegura que no existen diferentes biorritmos por sexo sino por persona, el sexólogo alemán Peter Platz reveló en un curioso estudio  las diferentes franjas horarias en las que ellas o ellos tienen la líbido más alta.

Nada más despertarnos. Al despertar, según el experto, el organismo femenino aún se encuentra adormecido porque la melatonina -la hormona del sueño- es más alta y la temperatura corporal más baja. Lo contrario para los hombres, que es cuando tienen las hormonas sexuales más disparadas.

A media mañana. Ellas tienen las endorfinas en su nivel máximo y les costará menos excitarse y ellos tienen el nivel de testosterona más elevado de todo el día.

La hora de la comida. Es el momento en el que mejor coinciden tanto las mujeres como los hombres. Ellas son capaces de tener encuentros largos y efectivos y ellos un sexo muy excitante, puesto que disponen de poco tiempo para efectuarlo.

Por la noche. Después de la cena y con poco tiempo para el ocio antes de irse a la cama, el nivel de melatonina aumenta en las mujeres y la excitación decrece aunque estén en el momento hormonal “más romántico”.

El WhatsApp y las infidelidades

Pese a esto, después del trabajo, por la noche, también es una buena ocasión para tener encuentros furtivos con la persona deseada con la que has estado chateando o mandándote mensajes por WhatsApp durante el día para calentar la situación. En este sentido, varios estudios ponen en evidencia que el número de infidelidades ha aumentado en los últimos años por culpa de las redes sociales.

 

¿Tú qué opinas? ¿Cuál es tu mejor franja horaria?

 

fuente¨: el Confidencial

¿Cuanto más rico, más infiel?

“Por el interés te quiero, Andrés”. Esta podría ser la frase que mejor define la infidelidad económica y financiera. Según el portal de contactos Ashley Madison, la mayoría de las personas infieles se dedican al sector financiero. El 34% de los hombres y el 40% de las mujeres han pasado recibos de sus aventuras a la empresa, algo que actualmente está muy de moda entre los que ostentan el dinero y el poder.

Un estudio realizado entre más de 100.000 personas de 26 países diferentes confirmaba que sufrir infidelidad financiera, es decir, que te engañen por dinero, es mucho más doloroso que si la infidelidad se comete por sexo o por amor.

Tener un o una amante cuesta dinero

¿Podemos decir entonces que la infidelidad reina entre las capas altas de la sociedad? Según los datos que brinda este estudio, sí. Al parecer, las personas que tienen más capacidad financiera son más infieles a sus parejas. La mayoría mantiene, además, cuentas separadas con las que poder comprar regalos para el o la amante o pagar las noches de hotel furtivas (sin contar los recibos que ya pasan a la empresa).

De todo lo anterior se podría deducir que tener un o una amante cuesta dinero y mantenerlo aún más. Italianos y estadounidenses son aquellos que más dinero se gastan en relaciones extra-conyugales. Actualmente, la falta de solvencia económica ha hecho que algunas personas se unan a otras por una mera cuestión de interés económico.

La crisis ha influido negativamente en muchos aspectos de la sociedad, pues la falta de dinero genera situaciones de estrés en el sexo. También provoca que las tensiones del día a día se traduzcan en separaciones o en la búsqueda de una persona capaz de cubrir las necesidades financieras y emocionales.

 

Estáis de acuerdo??

 

 

 

fuente: gonzoo

¿Qué buscan las mujeres infieles? El estudio que rompe con los tópicos existentes

Miles son los estudios y las razones que existen para explicar por qué se producen las infidelidades. El misterio que entraña esta traición es un aspecto que siempre ha llamado poderosamente la atención no solo a los propios afectados, sino también a sociólogos y científicos, que quizá ven en esta faceta un importante rasgo del comportamiento humano.

Esta precisamente ha sido la idea de un nuevo estudio realizado por la American Sociological Association que ha querido explicar los patrones de conducta de la infidelidad, aunque en este caso solo en el sexo femenino. Para su realización han seleccionado a 100 mujeres casadas, entre 35 y 45 años y usuarias activas de Ashley Madison, red social para adúlteros.

Tras ver las conversaciones con los posibles pretendientes, se dieron cuenta de dos aspectos con un notorio significado: el primero de ellos es que dos tercios de las participantes buscaban añadir pasión y romanticismo a su vida, eso sí, siempre con presencia de sexo.
El otro detalle significativo, y muy llamativo, es que la totalidad de esas mujeres no se planteaba bajo ningún concepto dejar su matrimonio, sino que tan solo pretendían encontrar una forma de añadir esa chispa que falta en su vida. Estos resultados sorprendieron hasta a los propios organizadores del estudio, pues tal y como indica Eric Anderson, cabeza de la investigación, esperaban que las mujeres buscaran las aventuras debido al descontento con su vida marital, pero hallaron que tan solo querían dejar a un lado la monotonía sexual de su monogamia.

La realidad es que los resultados de este estudio, además de ser bastante sorprendentes, rompen con las ideas más extendidas sobre el proceder de la infidelidad femenina. Atendiendo a las teorías evolucionistas, se había considerado que el comportamiento infiel era muy diferente en mujeres que en hombres, ya que ellas tienden a las relaciones más emocionales y ellos al puro acto sexual.

Tal y como explica el profesor de la Universidad de Kansas Gary Brase, la razón es que el sexo femenino buscaba un varón que cuidara al hijo(una idea de largo plazo), mientras que el masculino tan solo tenía como objetivo la procreación (visión cortoplacista), por lo que esta nueva investigación rompe con esa extendida explicación evolucionista.

Evolución histórica de la infidelidad

De lo que no cabe ninguna duda es de que la infidelidad es algo que existe desde que el hombre es hombre y al igual que la vida del ser humano y sus hábitos han ido cambiando, también lo ha hecho la forma de amancebarse.

Para el polémico director del Philosopher MailAlain de Botton,una gran revolución sobre la percepción de los “cuernos” ocurrió en el siglo XIX cuando era algo relativamente normal que las clases más elevadas como nobles y aristócratas tuviesen sus amantes, aunque no estuviese bien visto.

No ha sido así en el caso de las mujeres. Siempre ha existido un gran estigma hacia sus infidelidades, en el propio Siglo XIX León Tolstói publicó su archiconocida obra Ana Karenina en la que relata la lucha de la adúltera Ana por abandonar su matrimonio con Aleksei Karenin y vivir su amor con el conde Vronski. Finalmente, la actitud infiel de Karenina acaba siendo rechazada por la sociedad aristócrata, su marido y su amante.

La idea de que la infidelidad es solo cosa de los hombres ha predominado hasta hace muy poco tiempo. En cambio, se vivía con mayor rechazo cuando procedía de las mujeres y, a lo sumo, se asociaba a una actitud más sentimental.

Es por esto, por lo que quizá estemos viviendo en el siglo XXI una nueva revolución de los comportamientos de pareja y una novedosa visión de la fidelidad en ambos sexos. La aparición de diversas redes sociales cuyo único objetivo es mantener relaciones extramatrimoniales de forma rápida y discreta puede considerarse como el inicio de la práctica de los “cuernos 2.0”.

La opinión de Anderson a partir de sus estudios es muy tajante, ya que tiene claro que el modelo de sexo y amor con una persona para toda la vida ha fracasado. Sin embargo, esta opinión no está exenta de polémica y muchas parejas no estarán en absoluto de acuerdo con esta afirmación.

Lo que está bastante claro es que la infidelidad va a seguir existiendo en el futuro y con ella también lo harán los estudios que la intenten explicar, aunque probablemente nos dejen con las mismas dudas, o incluso más de las que se tenían antes.

 

fuente: el confidencial

¿Deseamos aquello que no tenemos?

Posiblemente existen muchísimas más razones pero veamos algunas de las más importantes:

1. La novedad: nuestro cerebro reacciona más intensamente cuando el estímulo que tiene delante es novedoso. Es entonces cuando se disparan los niveles de dopamina y aparece lo que llaman “el subidón dopaminérgico”. Eso implica sentir deseo y excitación sexual de manera casi automática. Pero eso no necesariamente conlleva a culminar esa excitación con esa persona…

2. La rutina: la rutina e incluso la monotonía (para mí la monotonía es la suma de la rutina y el aburrimiento) hacen que esa persona que tienes en casa y que ves cada día, tu pareja, sea menos apetecible porque uno se acostumbra a ella.

3. Alimentar el deseo: estamos poco educados en alimentar el deseo dentro de la pareja estable para que este se mantenga a lo largo de los años. Evidentemente disminuye con el tiempo, no sería posible sentir la locura de los primeros seis meses durante los próximos treinta años de vida… pero que disminuya con el tiempo suele ser culpa de no alimentarlo ni cuidarlo.

4. Cuando damos por segura la relación de pareja: si creemos que nunca perderemos la relación y que no puede suceder nada para que la pareja se rompa, es cuando damos por segura la relación e, inconscientemente, dejamos de cuidarla con tanta intensidad como al principio, cuando debemos seducir a la pareja para que nos elija y se quede con nosotros.

5. Rayo de pasión: tendemos a pensar que el deseo acude a nosotros cual rayo de pasión descontrolada que nosotros no dominamos… y eso no suele ser exactamente así. Ese “subidón” que hace que nuestro deseo aparezca sin forzarlo suele darse en 3 situaciones muy concretas:

– Cuando nos enamoramos: este es el “subidón dopaminérgico” que comentábamos anteriormente

-Cuando somos adolescentes: la bomba hormonal que sufrimos durante esta etapa hace que sin hacer ningún esfuerzo nuestro deseo y nuestra excitación esté a flor de piel

-Cuando una persona desea ser madre o padre: en ese momento se le ve una finalidad muy clara a la sexualidad (tener un hijo) y es cuando el deseo sexual suele multiplicarse por mil.

Pero ese rayo de pasión no suele aparecer si no lo cultivamos un poco… ¿Cómo podemos hacerlo? Veamos algunas pistas:

-Teniendo en cuenta que no solamente hay que seducir a la pareja en la etapa del cortejo

-Aprendiendo a tener una buena comunicación con la pareja (y también una buena comunicación sexual)

-Gozando de una relación de pareja sana, que no sea tóxica

-Valorando la sexualidad en pareja como un juego que puede servir para divertirnos, darnos placer, comunicarnos y decirnos que nos amamos

-Conociéndonos bien a nosotros mismos para poder ayudar a nuestra pareja a que aprenda cómo funciona nuestro cuerpo

-Evitando los mitos y las falsas creencias sobre la sexualidad y la pareja

Y posiblemente podríamos  estar escribiendo horas y horas para ver qué se puede hacer para enriquecer el deseo de una pareja para no caer en la monotonía…

Por lo que, como siempre, os animamos a que busquéis qué es aquello que os ayudará a vosotros y a vuestra pareja a enriquecer vuestra pasión y a seduciros…

PD: Tenemos ojos, somos personas, nuestro cuerpo reacciona ante los estímulos… por lo que si nos sentimos excitados con el vecino o la profesora de nuestro hijo no es nada malo… lo que hacemos con eso es lo peligroso pero que nuestra mente dispare deseo cuando vemos a alguien que no es nuestra pareja no es un indicador de que algo va mal… sencillamente nos indica que somos personas y reaccionamos ante lo que vemos…

 

fuente: mucho más que sexo

No puedo evitar espiar el móvil de mi pareja

Todos hemos notado que la relación de pareja convencional se ha visto modificada, a mejor o a peor, con la existencia de los teléfonos móviles y nuevas tecnologías.  Ahora puedes estar comunicado con tu pareja las 24h del día, enviarle mensajes, saber lo que está haciendo en cada momento y, en muchas ocasiones, se crean disputas innecesarias y también sospechas.

El uso de estos teléfonos sería perfecto si todos lo utilizásemos de un modo responsable, no agobiando a nuestra pareja y dejándole la libertad que todos merecemos. El problema es que puede convertirse en nuestro peor enemigo cuando convivimos con una persona que sufre de celos. Facebook, Twitter, Whatsup… aplicaciones a nuestro alcance que nos pueden traer más de una desconfianza.

¿Es necesario darle privacidad?

Si ambos tenéis la suficiente confianza como para estar seguros de que no se está produciendo una infidelidad, todo irá bien. Si tu pareja desconfía de ti, deberías intentar averiguar el por qué. Es posible que con el paso del tiempo hayas dejado de prestar la atención que se merece a la comunicación. Al llegar a casa no cuentas nada sobre tu día y esto lleva a tu pareja a sospechar que estás ocultando algo, aunque posiblemente lo que sucede en realidad es que no te gusta hablar del trabajo o que estás demasiado cansado como para hablar de tus problemas. Tal vez tampoco ayuda que estés todo el día enganchado a tu móvil y te suenen cada dos por tres avisos de mensajes.

Estas situaciones deben evitarse sea como sea, no es justo que tu pareja tenga que sufrir por tu falta de comunicación. Por otra parte, si esto ya ha sucedido en tu relación, lo mejor sería hablar sobre fidelidad y celos con tu pareja, cualquier cosa antes de espiar su teléfono móvil.

A pesar de que una pareja es cosa de dos, debes entender que continuáis siendo individuos con vuestros propios derechos y espacios, hay cosas que se comparten por el simple hecho de vivir en pareja, y por lo tanto se utilizan en común, pero no es el caso del teléfono móvil.

El teléfono móvil es una herramienta personal de cada uno, en el cual guardamos fotos  de nuestros amigos, mensajes en los que nuestros conocidos nos cuentan sus problemas e información de bancos u otras gestiones. Si hay un lugar en que se encuentre toda nuestra vida almacenada, ese es nuestro teléfono móvil, y por lo tanto no tenemos porqué compartir esta información con nadie del exterior. Hoy en día para muchos el móvil es sagrado, algo tan privado como cotillear el correo ordinario, agendas u otros…

Obviamente, si tenemos la suficiente complicidad en nuestra relación como para compartir estos datos, no debería existir ningún problema a la hora de compartirla en la intimidad. Pero siempre respetando la propiedad del otro y mirándolo con su propio consentimiento. En ningún caso espiar el teléfono a sus espaldas.

¿Por qué no comparte sus mensajes conmigo? ¿Esconderá algo?

Normalmente los usuarios de telefonía móvil tenemos largas conversaciones de mensajes con amigos, conocidos o familiares. Hay personas que además son muy cautas con su privacidad e intentan leer estos mensajes cuando nadie más puede verles. Si es el caso de tu pareja, lo mejor sería hablarlo con él y averiguar por qué se esconde para leer sus mensajes de texto. En este caso no se trata de un simple ataque de celos,  sino que la otra parte te está incitando a que sientas una curiosidad natural. No tiene porqué ser algo relacionado con la fidelidad, pero es lógico que nos interesemos por nuestra pareja. Tal vez esté discutiendo con alguien y no quiera preocuparnos, o esté haciendo nuevos amigos y no quiera que leamos lo que hablan entre ellos.

Son tantos los casos que podemos encontrar en una conversación telefónica que hacer conjeturas inventadas sería flagelarnos a nosotros mismos una y otra vez. Intenta hablar con tu pareja antes de entrar en una crisis causada por los celos y la sospecha. Si tu pareja no quiere darte ninguna explicación, y en absoluto quiere decirte las personas con las que habla por el móvil, tienes todo el derecho a sospechar y la necesidad de hablar con él.

¿Debo compartir los míos?

Compartir los mensajes de texto en una relación no es algo realmente necesario, aunque es cierto que si esto se hace, ayudará a crear más confianza entre vosotros y, de este modo, evitaremos sospechas por infidelidad.

Si crees que tu pareja se dedica a espiar tu teléfono móvil, deberías hablarlo con él y decirle que ese no es el camino correcto. No importa si guardas algo o no en tu móvil, pero esto es una falta de respeto que no se debe consentir. Es una muestra de que tu pareja no confía en ti.

Tampoco es necesario llevar esto a extremos y blindar nuestro teléfono móvil con claves y contraseñas que nuestra pareja desconozca, pues sería lógico que nuestra pareja empezase a sospechar que algo está sucediendo tras tanta seguridad.

Si eres consciente de que tu pareja empieza a sospechar que hablas con otros hombres por móvil y no es así, no alargues ese sufrimiento innecesario. Finalmente terminará por explotar y se creará una discusión basada en la nada de la que los dos saldréis mal parados.Habla con él, utiliza siempre la conversación para llegar a una solución a vuestro problema y entrad en razón, los celos no deben basarse en hechos inexistentes, la fidelidad se basa en la confianza, y el hecho de espiar el teléfono de nuestra pareja es un claro síntoma de desconfianza. Por lo tanto, si nuestra pareja espía nuestro móvil, debemos empezar a solucionar nuestros problemas de inmediato.

Toma nota y que el móvil y las nuevas tecnologías no te creen discusiones o ataques de celos innecesarios. Más que un enemigo utilízalo como un cómplice. O no a todas nos gusta recibir mensajitos románticos y subidos de tono??