Llegar a la vez al orgasmo… ¿solo ocurre en las películas?

Él la mira extasiado, se acerca a ella, la atrae hacia sí y la besa con entregada intensidad. Una luz tenue y cálida, procedente quizá de un fuego de hogar o de los últimos rayos de sol de un prodigioso atardecer, inunda la escena mientras los dos protagonistas avanzan en sus prolegómenos eróticos. El hombre empieza a desnudar a la mujer (que justo ese día se ha puesto un conjunto monísimo de ropa interior, ¡qué suerte!) y ella se deja hacer mientras, a su vez, despoja al macho de sus prendas.

De pronto caen los dos en una cama que estaba por ahí, seguramente con suaves sábanas de seda, porque todos sabemos que son comodísimas para dormir y no te resbalas ni nada. Imágenes de un trasero masculino, piernas entrelazadas, rostro femenino con ojos cerrados y boca entreabierta, gemidos. Intuimos que él la penetra porque ella de inmediato se ve transportada a un estadio superior de excitación y embeleso. Los movimientos se aceleran y… ya está, orgasmo simultáneo y aquí paz y después gloria.

Esta escena tan idílica que flirtea con la ciencia ficción es la típica secuencia erótica de telefilme que hemos visto en mil ocasiones. Y ya se sabe, cuando una mentira (o lo que sea) se cacarea el número suficiente de veces se convierte en realidad en nuestros maleables cerebros. Como el sexo es un artefacto que se construye a lo largo de la vida a base de unas cuantas ideas preconcebidas por aquí, nuestras propias experiencias por allá, lo que nos han contando o hemos visto o leído, todo ello aderezado con fantasías, expectativas e instinto, al final acabamos zozobrando en un mar de dudas y no sabemos si lo que se plantea en este artículo, el Orgasmo Simultáneo (así, con mayúsculas), es un objetivo o una casualidad, algo esencial o una contingencia que se materializa si se dan las condiciones adecuadas.

Gracias al cine independiente y a la progresiva exigencia de un público que demanda más realismo y menos cursilería, tenemos otras escenas de sexo que vienen a desmitificar el tópico de la sincronía extática. Ahí tenemos a Nicole Kidman y Jude Law en Cold Mountain, que protagonizan una realista y sorprendente sesión erótica donde se insinúan prácticas comunes pero muy raramente reflejadas en el cine convencional (al menos hasta ahora). Con el personaje al que da vida Gillian Anderson en la serie ‘The Fall’ nos aproximamos a una sexualidad femenina desinhibida y dominante, lejos de clichés.

El misterio de por qué a los seres humanos nos reporta una mayor satisfacción o enriquecimiento espiritual el hecho de hacer determinadas cosas a la vez es algo que sobrepasa los confines del sexo. Puede que tenga que ver con el más puro y duro pragmatismo del que habla Elias Canneti en su ensayo ‘Masa y Poder’. O a lo mejor es un trágico empeño por paliar la soledad cósmica que campa por nuestros corazones: si lo más importante de nuestra vida, nacer y morir, lo hacemos solos, pues lo que hay en medio hagámoslo juntitos, ¿no?

 

«Está idealizado y sobrevalorado», dice uno de los amigos con los que comparto sobremesa. De manera poco sutil he preguntado al grupo qué pensaban de eso de llegar a la vez. Otro, con bastante socarronería, afirma que «no existe» (¿se referirá al orgasmo en sí mismo?). «Es una cuestión de coordinación. No es importante pero si se busca, se encuentra». «Resulta más fácil para las mujeres, porque somos multiorgásmicas». «Tiene connotaciones románticas». Aaay, el romanticismo, dos almas que se unen en un místico abrazo, el yin y el yang, la concepción del cosmos como una milimétrica estructura machihembrada que perpetúa su movimiento gracias a la retroalimentación continua de energías sutiles.

Sigamos con lo que nos ocupa. La concordancia orgásmica es una de esas bestias escurridizas cuya persecución puede terminar en éxito o fracaso dependiendo de múltiples factores.

En cuanto a las condiciones puramente objetivas, según la escritora británica especializada en sexo y relaciones Tracey Cox, ‘sexperta’ del británico Daily Mail, «la duración del clímax masculino es de entre cinco y 10 segundos, mientras que el orgasmo femenino puede prolongarse hasta los 15 segundos o más. Haz la cuenta y pronto verás que alcanzar el éxtasis en el mismo momento es altamente improbable». Eso sin contar con el hecho demostrado de que «aproximadamente el 75% de los hombres siempre tiene un orgasmo en las relaciones con su pareja, comparado con el 30% de las mujeres». Uno de los consejos de Cox es utilizar la «técnica o maniobra del puente», recomendada por la mayoría de los terapeutas sexuales. La idea es proporcionar estimulación clitoriana hasta el punto de casi llegar al clímax mientras él desencadena con sus embestidas un orgasmo reflejo.

La posición también importa. Estar a horcajadas sobre él o dejar que el hombre entre desde atrás provoca una mayor estimulación de la pared frontal de la vagina, lo que aumenta las posibilidades de un orgasmo por penetración. La all fours, además, nos da a las mujeres más libertad para acceder al clítoris y jugar con él como mejor convenga…

El educador y terapeuta sexual Ian Kerner, autor del libro She Comes First: the Thinking Man’s Guide to Pleasuring a Woman (Ella llega antes; la guía del hombre pensante para dar placer a una mujer), dice que alcanzar el éxtasis sexual a la vez es tan probable como que te toque la lotería, y pone el foco en la intimidad y la comunicación.

Según Kristen Mark, de la web Goodinbed.com, «el sexo se basa en expectativas, y si la tuya es que debes tener un orgasmo simultáneo, vas a estar siempre decepcionada». Una encuesta realizada por esta web reveló que el 70,6% de las mujeres fingen su orgasmo para evitar herir los sentimientos de su pareja. «Estamos bombardeados con imágenes en los medios que nos dicen que el sexo gira alrededor del orgasmo, pero no debemos creérnoslo. Y si ya es bastante malo que lo centremos en el clímax, hacerlo en el orgasmo simultáneo lleva la presión todavía más lejos», añade.

 

El orgasmo es el perfecto epítome de esta sizzling culture en la que estamos inmersos (cultura del chisporroteo, término acuñado por una servidora). Algo candente, veloz y efímero que nos sobrecoge y, casi instantáneamente, desaparece. Internet y la profusión de psicofármacos que prometen alivio rápido no hacen más que alimentar esa concepción de que las gratificaciones inmediatas (incluyendo ese tipo de orgasmo utilitarista y postmoderno) no solo son exigibles, sino que por una razón de economía y eficiencia han de ser, además, simultáneas.

 

 

fuente: yodona

El beso de Singapur: Super técnica sencilla y efectiva para un buen orgasmo

Si se nos pregunta qué podemos hacer para mejorar nuestra vida sexual, probablemente pensaremos en todos esos trucos ya conocidos como prolongar los preliminares, practicar sexo oral o el anal, disfrazarse, o  últimamente, darse unos cachetes gracias a la moda de 50 Sombras de Grey. En lo que raramente repararemos es en algunas técnicas milenarias como la del pompoir y su variante árabe, el kabazza.

El sexo tiene que ver con la fricción, y de ahí la obsesión que muchas mujeres –y hombres– tienen por el tamaño de los penes. Se entiende que, a más tamaño (preferiblemente grosor a longitud), mayor será la satisfacción. Dicho pensamiento se encuentra en la base del conocido como pompoir o, más poéticamente, el beso de Singapur (o, de forma más elusiva, el toque de flauta).

¿En qué consiste? Se trata, básicamente, de una técnica sexual en la que la mujer utiliza su vagina para estimular el pene del hombre como si lo estuviese succionando. De ahí su nombre, pompoir, que en francés sería algo así como “chupadora”: la vagina produce un efecto semejante al de la boca durante el sexo oral. En lugar de moverse cabalgando o embistiendo, la pareja permanece quieta y ella utiliza el músculo pubocoxígeo para estimular la erección masculina, lo que se traduce en orgasmos más intensos tanto para él como para ella.

No se trata de una técnica nada sencilla, y aunque algunas mujeres nacen con la habilidad natural de realizar estos movimientos musculares, muchas tienen que entrenarse para conseguirlo. Los libros de historia arrojan algunos casos, como ocurre con la amante del rey Francisco I y Enrique II de Francia, Diane de Poitiers, que tenía una habilidad especial para esta técnica. Como señala un artículo publicado por Emma Gold en GQ, en Shanghái circula la historia de una prostituta capaz de introducir y sacar el pene de su amante simplemente con los movimientos de su vagina.

Un largo camino hacia el placer

Al parecer, la tradición nació en la India hace más de 3.000 años, y de ahí se extendió a otros países orientales como Tailandia o Japón. Parte de la educación de algunas geishas, se centra en desarrollar esta técnica, así como la de las Devadasis indias proscritas desde el año 1988. De hecho, existe una variación conocida con el nombre de kabazzah, y en la cual participan también los músculos del abdomen. La fijación de algunas celebridades por las prácticas sexuales orientales como el sexo tántrico, han devuelto al pompoir a la actualidad amatoria.

La posición ideal para practicar esta técnica es aquella en la que la mujer se sitúa encima del hombre, puesto que es ella la que marcará el ritmo y la intensidad del encuentro sexual, aunque también puede practicarse de lado. Es más, resulta necesario que el hombre se encuentre en una posición absolutamente pasiva, ya que el movimiento debe ser sutil. Es necesario que la vagina se encuentre dilatada y humedecida, para facilitar su movimiento. Y toda la responsabilidad se encuentra, por una vez, en el lado femenino, que decide a qué ritmo se realiza el acto.

Como explica Denise Costa, fundadora de la página Pompoir Book  –una completa guía sobre el beso de Singapur–, en Salon, esta técnica no sólo permite al hombre tener orgasmos más intensos y duraderos, sino que puede provocar que la mujer experimente los tres tipos de orgasmos posibles, a saber: el vaginal, el del clítoris y el menos habitual de todos ellos, el del útero. En ocasiones, la contracción de la vagina se produce de forma natural cuando una mujer experimenta el clímax.

Ejercicios para reforzar nuestra vagina

Muy pocas mujeres son capaces de lanzarse a realizar esta técnica sin haberse entrenado antes. Costa propone en el artículo una serie de técnicas que nos permiten ser capaces de hacerlo en menos de cinco meses, siempre y cuando nos comprometamos a una disciplina de practicar una hora al día. Entre estos ejercicios se encuentran todos los relacionados con el control de los músculos pélvicos, que son los mismos que evitan que la orina se escape: contracciones, apretar, empujar y otra clase de movimientos realizados de forma consciente cuentan como parte del entrenamiento.

Por lo general, esta clase de ejercicios que tienen como objetivo reforzar el suelo pélvico suelen recomendarse a aquellas mujeres que sufren problemas de pérdida de orina o para facilitar el parto, pero también pueden ayudar a reforzar la vagina. Por lo general, suelen basarse en mantener la contracción durante todos los segundos que sea posible, hasta los diez. Estas prácticas reciben también el nombre de ejercicios de Kegel, y pueden reforzarse a través de los conos vaginales (dispositivos que se insertan y que deben sostenerse gracias a la acción de los músculos),las ya famosas bolas chinas o del propio pene de la pareja. Sin embargo, se debe tener cuidado con estos ejercicios, puesto que su mala práctica puede agravar los problemas de incontinencia o provocar un prolapso.

Existe otra técnica asociada a esta, y que recibe el nombre de the mare’s trick(el truco de la yegua). Esta consiste en mantener el pene de la pareja dentro de la vagina, rodeando con las piernas el miembro del hombre y endurecer los músculos de la pelvis, lo que provoca que la erección no desaparezca, algo que puede llegar a ser doloroso en caso de que el hombre ya haya alcanzado el clímax, pero también ayudar a evitar los problemas de erección.

 

Tomamos nota y lo probamos??

 

 

fuente: el confidencial

Así, sí: 4 consejos para conseguir que ellas tengan un orgasmo

Es complicado determinar el tipo de amante que somos: ¿activos y exploradores o perezosos y comodones? Para muchos hombres el orgasmo femenino se ha convertido casi en un mito, pero no es tan difícil encontrarlo.

Aunque en muchas ocasiones depende más del día, las ganas o el cansancio acumulado que de la mucha o poca idea que tengan sobre cómo moverse en el terreno, es sencillo convertirse en un amante de diez si se tienen en cuenta algunas zonas que no hay que pasarse por alto para conseguir –cuando menos intentar– que ella alcance el orgasmo.

Cada mujer puede responder de forma diferente a los estímulos sobre sus zonas erógenas –muchas más de las que, en general, se tratan de excitar– pero lo importante es conocer dónde encontrarlas hasta averiguar si se está tocando la tecla perfecta.

Si además tiene en cuenta que las horas del día más propensas para practicar sexo también varían entre sexos –aunque hace poco un estudio habló de la hora de comer como el momento ideal  para ambos– y que en el caso de las mujeres la concentración y el poder de la mente juegan un papel bastante importante, tendrás más posibilidades de conseguir que ella alcance el orgasmo y tener relaciones sexuales mucho más placenteras.

En general, las mujeres valoran el esfuerzo y la voluntad de explorar y agradar –sin que parezca que van a perder su turno en una partida del juego Operación, algo de seguridad también se agradece–, pero no está de más que conozcas las cuatro consejos que pueden conducirte a llevarla clímax.

 

1. Llamando al clítoris: cómo encontrar el famoso botón del on

Como explica Valentine Njoroge en All Africa, “si no sabes dónde está el botón, no desesperes”. Incluso hay muchas mujeres que desconocen exactamente cómo estimular y acariciar la zona erógena más famosa. Quién sabe si explorando en equipo os encontráis con el denominado “botón” que inicia la partida.
Poniendo el dedo entre los labios vaginales y deslizándolo hacia abajo, hacia la zona de la entrada de la vagina, se siente un pequeño bultito que, de estar estimulando correctamente, percibirás cómo se pone duro. Acarícialo suavemente alrededor con la yema del dedo encontrando el ritmo y la fricción que le guste a ella. Es importante escucharos y hablar para que ella te indique si no se te ha ido de las manos –nunca mejor dicho– y estás acariciando donde le gusta.

 

También puedes agenciarte de una crema orgásmica o estimuladora de clítoris, destacamos Valkiria de Nuei que hará que tu riego sanguíneo se active y que tu clítoris este mucho más receptivo.

2. El periné o perineo: zona erógena común que debes (debéis) explorar

Más conocido por dar nombre a la zona erógena masculina más rehuida por muchos hombres, también resulta excitante y placentera para ellas. Se encuentra entre el ano y los geniales y es una zona en la que confluyen numerosas terminaciones nerviosas, por lo que acariciarlo y tocarlo puede despertar sensaciones excitantes y sorprendentes.

La zona del ano puede conducir al orgasmo si se comienza excitando el periné y se va poco a poco hacia el esfínter, donde se acumulan las terminaciones nerviosas que producen una mayor excitación.

Eso sí, igual que en el caso de ellos, ten en cuenta que no a todas las mujeres les gustan los juegos por estas zonas.

Un buen lubricante, sobretodo de base silicona te ayudará a masajear y estimular suavemente la zona.

3. El punto U: por qué excitar la zona de la uretra

Este punto erógeno femenino se encuentra en la uretra, entre los labios mayores del clítoris y el inicio de la vagina. Se trata de una zona que está rodeada por tejido eréctil por lo que acariciarlo por encima o por debajo suavemente puede conducir a la mujer al orgasmo.

No es demasiado común excitar esta zona pero, de hacerlo bien, sin que la sensación de micción distraiga la atención de ella y se consiga excitarlo a la par que se trabajan otras zonas erógenas, puede conseguirse un placer mucho más completo. Como explica Njoroge “en Uganda se les enseña a los hombres cómo acariciarlo suavemente con la punta de sus penes” para estimularlas.

 

4. Conoce y encuentra el punto A: el epicentro del placer

Aunque no se le tiene demasiado en cuenta, es otro punto erógeno femenino que se encuentra entre el Punto G y el cuello de del útero, cerca del fórnix anterior. “Al igual que un terremoto, una mujer tiene un epicentro”, comenta Njoroge. Se le considera el equivalente a la próstata masculina y se halla entre el final del conducto vaginal y el cuello uterino.

Si se estimula sin cuidado, puede conducir a contracciones vaginales violentas por lo que se recomienda hacerlo con suavidad acariciando con el dedo la pared vaginal anterior –la parte delantera– arqueándolo en forma de gancho.   Ayúdate de algún juguete con curvatura para acceder con más facilidad.

 

Has tomado nota de todo? Pues ahora a ponerlo en práctica!

 

 

fuente: el confidencial