El plan de ‘serie y mantita’ perjudicando a vuestra vida sexual?

Hace poco hablábamos de cuánto sexo a la semana sería ‘lo normal’ para una pareja sin tener en cuenta que en nuestros dormitorios se han colado, en los últimos años, unos “invitados” más. Y es que en cada mesilla de noche hay un smartphone o tablet con el cual, cada noche y juntos o por separado, cada pareja ve sus series y programas favoritos. En bucle. Desde que acaban de cenar hasta que se van a dormir. ¿Echas algo de menos en la ecuación? Sí, la llegada de Netflix, HBO o cualquier otra plataforma de streaming ha relegado la vida sexual de mucha gente a ese ‘otro momento’ que nunca termina por llegar. Así lo desvela un estudio reciente, que confirma que la televisión a medida ha empezado a relegar al sexo a… después.

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Sí, las parejas están menos interesadas en el sexo desde que se quedan despiertas hasta bien entrada la madrugada viendo la tele. Y esa no es una buena noticia: ¿está Netflix ‘matando’ a la vida sexual de las parejas en el siglo XXI? Mira a tu alrededor, mira en tu propia pareja y… un poco, ¿verdad?

¿Cómo podemos combinar el placer de ver la televisión como más nos gusta sin dejar la vida sexual en el olvido? Aunque ver series juntos es una actividad más en vuestra convivencia como pareja, sería importante establecer algunas normas básicas para evitar que Netflix tenga tanta presencia en vuestro dormitorio.

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Para empezar, hay que tener claro cuándo hay que soltar el móvil/tablet. Recuerda que, para dormir bien, hay que hacerlo dos horas antes de cerrar los ojos. Si lo haces justo cuando vais a caer rendidos es muy difícil que hagáis el ‘esfuerzo’ físico y emocional que supone el sexo.

Planifica el sexo. En serio, no es broma, los expertos recomiendan tener una especie de ‘agenda’ sexual con tu pareja, poniendo en común cuándo te apetecería tener un momento de intimidad. Una suerte de sexting conocida como ‘sexo positivo’ y que asegura que esos encuentros se van a producir.

 

fuente: glamour

 

Las peores excusas para no tener sexo

Hemos llegado a la conclusión de que las etapas de buen sexo son como el entretiempo, algo que tiende a reducirse, cuando no a desaparecer.

Un periodo en peligro de extinción. La mayor parte de nuestra vida lo pasamos queriendo tener relaciones o intentando evitarlas, y tan complicado resulta una cosa como otra.

Si alguna vez nos hemos preguntado qué hacer para llevar a alguien a la cama, es muy probable que llegue un momento en la vida en el que nuestra inventiva esté dirigida a qué decir para evitar el sexo, sin que nuestra pareja se sienta ofendida. Aunque en este campo no parece que la humanidad haya avanzado demasiado. Un estudio llevado a cabo por victoriamilan.es, una de las muchas páginas de contactos concebida para planear una infidelidad, revela las peores excusas más utilizadas por las españolas para evitar el cuerpo a cuerpo. Los resultados provienen de haber encuestado a 5.586 hombres, supuestamente infieles, que a la pregunta de si estaban cansados de que sus parejas evitaran el sexo, el 88,9% respondía si, mientras solo el 11% decía que no.

La lista de pretextos desafortunados la encabeza “no tengo tiempo”, seguido de “me duele la cabeza”, “no me apetece ahora, ¿lo hacemos luego?”, “los niños pueden oírnos”, “estoy viendo una película, espera a que termine”, “estoy muy estresada, ha sido un día duro”, “tengo el periodo”, “me duele todo el cuerpo, podría estar cogiendo una gripe”, “no me puedo moverme, tengo agujetas del gimnasio” o “mañana me levanto temprano”.

Se estarán preguntando qué es lo que dicen ellos, porque la idea de que el hombre siempre está dispuesto y somos las mujeres las que nos negamos es una mentira piadosa que nos dijeron nuestras madres para vernos crecer más felices y confiadas. Mientras Victoria Milan promete preguntar a las mujeres infieles los pretextos que más les molestan de sus parejas, la Asociación Española de Andrología Medicina Sexual y Reproductiva (ASESA) se ocupó hace algún tiempo de hacer ese trabajo para averiguar las coartadas masculinas, en un informe llamado EXCUSE. La primera de la lista es “estoy cansado” seguida de “estoy estresado”, “tengo ansiedad”, “he bebido demasiado”, “estoy preocupado por mi economía”, “he comido mucho” o “ha perdido mi equipo de fútbol”. ASESA está convencida de que en muchas ocasiones estas evasivas no esconden sino conflictos sexuales, ya que según el estudio 5 de cada 10 hombres rechazan tener sexo por problemas de erección.

Que tire la primera piedra el que no haya utilizado alguna vez este arsenal disuasorio, el problema viene cuando la excusa se vuelve reiterada, como dice Alicia Gallotti, periodista, escritora de libros de sexo y portavoz en España de Victoria Milan, que cuenta con 5 millones de usuarios en todo el mundo, de los que 500.000 viven en nuestro país. “El rechazo sexual disimulado tras una justificación poco creíble puede generar problemas de autoestima en ambos sexos”, cuenta Gallotti, “además de inseguridad y miedo al rechazo, con lo que es muy probable que tras recibir un no como respuesta varias veces, la persona no vuelva ya a tomar la iniciativa. Se entra entonces en un círculo vicioso que acaba con la vida sexual de la pareja. Se crean víctimas y verdugos y esto hace que muchos y muchas busquen en otro sitio lo que en casa dan ya por perdido”.

Un repaso a las excusas más comunes nos muestra que, además de poco creativas, son meros pretextos para no mandar al otro a freír espárragos y que encierran, muchas veces, una concepción errónea del sexo.

– “No tengo tiempo”, una de las más utilizadas, no hace sino decirnos que la sexualidad no es lo suficientemente importante para nosotros y que casi nunca contemplamos dejarle un espacio en nuestras vidas. Si alguien rastreara nuestras agendas, en las que anotamos todo tipo de menudencias, hasta que tenemos que comprar un kilo de peras conferencia, jamás nadie verá “tener sexo en una habitación de hotel” o “beber una copa de vino y masturbarme”. ¡Una pena, serían mucho más divertidas! Sin embargo, seguimos pensando que el sexo debe ser algo que surja, espontáneo, irracional, tumultuoso… Pero eso si, los fines de semana y días libres que nos viene mejor. “Yo siempre digo que la sexualidad la tenemos guardada en una cajita y la abrimos de vez en cuando, en el horario que más nos convenga y esperamos entonces que funcione como un resorte, pero no es así”, comenta Gallotti, “la sexualidad hay que entrenarla a lo largo del día, con gestos, llamadas, mensajes.

En Argentina siempre se ha dicho que seducir es un deporte, y como todos los deportes, se practican mejor cuanto más entrenamiento se haga. Hablamos a menudo de los países caribeños, donde la sensualidad está más a flor de piel, pero es que allí está incorporada a la vida cotidiana, a todos los momentos del día”.

– “No tengo ganas” es otro clásico, además de un nuevo ejemplo de como el sexo es casi siempre el último mono en nuestro orden de prioridades, a no ser que estemos en época de enamoramiento que, como todos sabemos, dura solo un año. Gran parte de nuestras actividades las hacemos, generalmente, sin muchas ganas: trabajar, hacer las tareas de la casa, comprar, coger el metro, pagar las facturas, comer con los suegros los domingos… Sin embargo, le exigimos al sexo mucho entusiasmo para empezar a ponernos en marcha y atenderle como es debido. Piensen en las veces que salieron de noche sin apenas ganas, arrastrados por algún amigo, y no solo se lo pasaron bien y se emborracharon, sino que hasta ligaron. O en aquel affaire que, aparentemente, no era gran cosa pero que luego en la cama se convertía en un semental o una gata salvaje. Si queremos que el sexo nos sorprenda y nos entusiasme, debemos abrirle la puerta, aunque estemos en zapatillas y esa noche no nos apetezca salir. Además, como comenta Alicia Gallotti, “hay infinitas modalidades dentro de la sexualidad y no todo tiene que llevar a la penetración”. Elija la que más se ajuste a sus fuerzas y a lo mejor descubre que tiene más energía de la que creía.

– “Me duele la cabeza”, “estoy nervioso” o “estoy estresado”. Bajo este epígrafe se engloban las excusas sanitarias que aluden a dolencias o estados críticos y estas son siempre un golpe bajo porque desde niños se nos contó que con la salud no se juega. El dolor de cabeza fue el arma esgrimida durante siglos por nuestras madres, abuelas y tatarabuelas así como una forma de chantaje para que sus maridos accedieran a sus peticiones, cuando no lo hacían por las buenas. Estos tres pretextos, sin embargo, son fácilmente refutables, ya que cada día surgen numerosos estudios sobre los beneficios del sexo para el sistema cardiovascular, nervioso, para aliviar el estrés, la ansiedad, para ayudarnos a mantenernos más jóvenes, e incluso para evitar el alzheimer. Tan solo hay que recopilarlos todos, imprimirlos y guardarlos en la mesita de noche para esgrimir al primer intento de intimidación sanitario. Y por cierto, la Wake Forest University School of Medicine, en Winston-Salem, EEUU, lleva años estudiando  la conexión entre la migraña y el deseo sexual. Los investigadores han llegado a la conclusión de que los que padecen estos fuertes dolores de cabeza tienen niveles de deseo más altos y que esta dolencia y la libido pueden estar desencadenados por la misma sustancia química en nuestro cerebro, según expone un artículo de la revista Science Daily.

– Las excusas que nos damos a nosotros mismos. Dentro de esta filosofía del engaño, la más peligrosa siempre es la que va dirigida a la misma persona que la fabrica. En este campo si que hay una mayor creatividad y variedad, pero yo me atrevería a englobarlas en dos grandes grupos. Las que hacen referencia al aspecto físico de uno mismo y las que hacen referencia al otro – no es lo suficientemente guapo/a, interesante,sexy, atractivo/a- y que, en el fondo, no encierran sino los miedos y complejos del que las utiliza. ¿Cuántas veces hemos rehusado irnos con alguien porque no estábamos perfectamente depiladas, arregladas, delgadas o con la ropa interior adecuada? Lo que se traduce, en el idioma psicológico, como una falta de aceptación del propio cuerpo y, me temo que este problema no es solo ya de las mujeres. Es también muy probable que cuando nunca encontramos al hombre o mujer a nuestra altura y todos nos parecen de tercera o cuarta división, haya algo más profundo que indagar, seguramente un cierto miedo al sexo, al compromiso o a que de cerca, alguien pueda darse cuenta de nuestros defectos, que ocultamos con una capa de autosuficiencia, bolsos y zapatos de marca.

Claro que aquí el arsenal de justificaciones y evasivas debe ser variado y estar siempre a punto, porque hay gente francamente insistente, como el millonario de Con faldas y a lo loco (1959), enamorado de un Jack Lemmon disfrazado de mujer contrabajista, que no se puede decir que no eche mano de su imaginación para evitar la temida noche de bodas. “No puedo casarme con el vestido de tu madre, seguro que no tenemos el mismo tipo”, “no soy rubia natural”, “fumo muchísimo”, “tengo un horrible pasado, desde hace tres años estoy viviendo con un saxofonista”, “nunca podré tener hijos” y hasta “soy un hombre”.

 

fuente: el pais

¿Y tú qué prefieres: dormir o practicar sexo?

Dormir es un placer. Cada vez que una persona lo hace, elimina los residuos celulares de su cerebro, consolida su memoria, descansa, libera adrenalina y regula los biorritmos. Un ser humano pasa más de un 60% de su vida durmiendo (algunos más que otros, claro), mientras el resto del tiempo lo destina a trabajar, hacer deporte, actividades de ocio y, por supuesto, al sexo.

A veces, las relaciones sexuales son clave para poder “pillar el sueño” pero al parecer suele afectar como somnífero más en los hombre que en las mujeres. Un proyecto llevado a cabo por The Science Health and Environmental Reporting Progam (SHERP) en la Universidad de Nueva York asegura que tras la eyaculación los hombres liberan norepinefrina, serotonina, oxitocina y otras hormonas y sustancias químicas que generan una sensación de bienestar que, a su vez, provoca sueño.

Dormir frente a sexo y tecnología

Científicos como el francés Sergé Stoléru consideran que tras el orgasmo, el cerebro del hombre desconecta de la realidad, es decir, la corteza cerebral que se encarga del pensamiento consciente se apaga tras el placer de la eyaculación. Sin embargo, según el estudio, el caso de las mujeres es mucho más ‘enrevesado’ y afecta a cuestiones psíquicas y físicas.

Al parecer, las mujeres anteponen dormir a practicar sexo y también a la tecnología. Ellas prefieren descansar para lidiar con el día siguiente, sobre todo si tienen que hacer frente a un trabajo o una familia. Según este mismo estudio, ellas encuentran un placer muy parecido entre dormir y tener relaciones.

Sin embargo, lo que sí es cierto es que la pérdida del deseo es común en ambos sexos y requiere un compromiso por parte de la otra persona para no dejar caer la relación en picado. Hablar el uno con el otro, conocer sus retos y expectativas sexuales y, sobre todo, saber buscar el momento adecuado son las piezas clave para disfrutar del sexo.

 

Entonces dormimos o practicamos sexo  😉 ??

 

 

 

fuente: gonzoo

¿Qué buscan las mujeres infieles? El estudio que rompe con los tópicos existentes

Miles son los estudios y las razones que existen para explicar por qué se producen las infidelidades. El misterio que entraña esta traición es un aspecto que siempre ha llamado poderosamente la atención no solo a los propios afectados, sino también a sociólogos y científicos, que quizá ven en esta faceta un importante rasgo del comportamiento humano.

Esta precisamente ha sido la idea de un nuevo estudio realizado por la American Sociological Association que ha querido explicar los patrones de conducta de la infidelidad, aunque en este caso solo en el sexo femenino. Para su realización han seleccionado a 100 mujeres casadas, entre 35 y 45 años y usuarias activas de Ashley Madison, red social para adúlteros.

Tras ver las conversaciones con los posibles pretendientes, se dieron cuenta de dos aspectos con un notorio significado: el primero de ellos es que dos tercios de las participantes buscaban añadir pasión y romanticismo a su vida, eso sí, siempre con presencia de sexo.
El otro detalle significativo, y muy llamativo, es que la totalidad de esas mujeres no se planteaba bajo ningún concepto dejar su matrimonio, sino que tan solo pretendían encontrar una forma de añadir esa chispa que falta en su vida. Estos resultados sorprendieron hasta a los propios organizadores del estudio, pues tal y como indica Eric Anderson, cabeza de la investigación, esperaban que las mujeres buscaran las aventuras debido al descontento con su vida marital, pero hallaron que tan solo querían dejar a un lado la monotonía sexual de su monogamia.

La realidad es que los resultados de este estudio, además de ser bastante sorprendentes, rompen con las ideas más extendidas sobre el proceder de la infidelidad femenina. Atendiendo a las teorías evolucionistas, se había considerado que el comportamiento infiel era muy diferente en mujeres que en hombres, ya que ellas tienden a las relaciones más emocionales y ellos al puro acto sexual.

Tal y como explica el profesor de la Universidad de Kansas Gary Brase, la razón es que el sexo femenino buscaba un varón que cuidara al hijo(una idea de largo plazo), mientras que el masculino tan solo tenía como objetivo la procreación (visión cortoplacista), por lo que esta nueva investigación rompe con esa extendida explicación evolucionista.

Evolución histórica de la infidelidad

De lo que no cabe ninguna duda es de que la infidelidad es algo que existe desde que el hombre es hombre y al igual que la vida del ser humano y sus hábitos han ido cambiando, también lo ha hecho la forma de amancebarse.

Para el polémico director del Philosopher MailAlain de Botton,una gran revolución sobre la percepción de los “cuernos” ocurrió en el siglo XIX cuando era algo relativamente normal que las clases más elevadas como nobles y aristócratas tuviesen sus amantes, aunque no estuviese bien visto.

No ha sido así en el caso de las mujeres. Siempre ha existido un gran estigma hacia sus infidelidades, en el propio Siglo XIX León Tolstói publicó su archiconocida obra Ana Karenina en la que relata la lucha de la adúltera Ana por abandonar su matrimonio con Aleksei Karenin y vivir su amor con el conde Vronski. Finalmente, la actitud infiel de Karenina acaba siendo rechazada por la sociedad aristócrata, su marido y su amante.

La idea de que la infidelidad es solo cosa de los hombres ha predominado hasta hace muy poco tiempo. En cambio, se vivía con mayor rechazo cuando procedía de las mujeres y, a lo sumo, se asociaba a una actitud más sentimental.

Es por esto, por lo que quizá estemos viviendo en el siglo XXI una nueva revolución de los comportamientos de pareja y una novedosa visión de la fidelidad en ambos sexos. La aparición de diversas redes sociales cuyo único objetivo es mantener relaciones extramatrimoniales de forma rápida y discreta puede considerarse como el inicio de la práctica de los “cuernos 2.0”.

La opinión de Anderson a partir de sus estudios es muy tajante, ya que tiene claro que el modelo de sexo y amor con una persona para toda la vida ha fracasado. Sin embargo, esta opinión no está exenta de polémica y muchas parejas no estarán en absoluto de acuerdo con esta afirmación.

Lo que está bastante claro es que la infidelidad va a seguir existiendo en el futuro y con ella también lo harán los estudios que la intenten explicar, aunque probablemente nos dejen con las mismas dudas, o incluso más de las que se tenían antes.

 

fuente: el confidencial

7 juegos sexuales que debés probar

Los juegos eróticos estimulan tanto el cuerpo como la mente, ¡y no hay órgano sexual más poderoso que nuestros cerebros!”, cuenta la sexóloga Alessandra Rampolla en su libro Juntos y revueltos, ¿para siempre? (Sudamericana). “Son excelentes para refrescar nuestra vida sexual y convertir tu habitación o la casa entera en un salón de juegos”, agrega.

Pero nos da una advertencia: “vayan de menos a más… Si nunca en tu vida te disfrazaste, tal vez a tu pareja le resulte chocante que aparezcas de repente vestida como Caperucita roja”. Entonces, la clave es arrancar de a poco, ir tanteando, compartiendo fantasías. ¡Y animarse a jugar!

A continuación, las propuestas de Alessandra:

Cita con un desconocido

¿Qué tal tener un amorío de una noche, pero con nuestra propia pareja? Vestite para matar y citalo en un bar o en una discoteca. Fingid que no os conocéis y haced cosas que saben que erotizarán al otro: tal vez pasarle tu pie por la entrepierna o susurrarle que no llevás lencería puesta o darle un besito húmedo en su oreja… El calor irá subiendo y, si no pueden resistir, no esperen llegar a casa para comerse a besos.

 

Jugar a las cartas

No suena muy erótico, ¿verdad? A no ser que subáis la apuesta de manera sexy y divertida. Para este juego hay que ponerse en clima: velas, comida rica, vinito, ropa sexy. No vamos a apostar dinero, sino a quitarnos la ropa que llevamos puesta, a hacer un striptease, a complacer a nuestra pareja con alguna fantasía o con su práctica sexual favorita. Así que barajen esas cartitas y apuesten, ¡que en este juego ganan los dos!

Body painting

¿Recuerdan que cuando éramos niños uno de nuestros pasatiempos favoritos era pintar? Pues volvamos hacerlo con nuestras parejas y, en lugar de papel, que nuestro lienzo sea su cuerpo. Usen pinturas para body painting y explórense mutuamente, dando rienda a sus dotes artísticas. ¡Es una forma muy original y sensual de dar inicio al juego previo!

Disfraces

También podemos jugar a ser otra persona o, incluso, un personaje de ficción. El uso de disfraces es una práctica que divierte a muchas parejas. Si aún no se han animado, es momento de probar. De repente él puede ser tu súper sexy Jack Sparrow, muy al estilo de Johnny Depp en Piratas del Caribe. Y chicas, ¡anímarós a las pelucas! Escoged una que te quede  de maravilla y vivid la fantasía de ser otra, seduciendo a su pareja como lo hicieron la primera vez.

 

Descubre los puntos

En este caso necesitáis un perfume. Se recomienda usar aceite con esencias, para que al final os hagáis un masaje de esos que elevan la temperatura. El juego consiste en que uno de vosotros dos se coloque pequeños puntos de perfume en ciertos lugares del cuerpo. El reto es que tu pareja logre descubrirlos. El roce de su nariz olfateándonos es súper, súper sensual. ¡Y mucho más en las zonas erógenas!

 

La dominadora

Para este juego necesitan unas esposas para atar las manos de su pareja a la cama y un pañuelito de seda para tapar sus ojos. Quien asuma el papel del dominador podrá jugar con el cuerpo de su pareja, ¡hasta enloquecerlo de deseo! Sólo cuando “ya no dé más” lo liberamos… Hagan este juego con mucho cuidado y con la premisa de que el placer es lo esencial.

 Cómanse

Siempre se habla de esparcir todo el cuerpo con crema batida y empezar a comernos. ¡Genial! Pero yo les propongo que lo hagan de una manera diferente. Sin que él lo sepa, tené a mano un poquito de miel o salsa de chocolate. Mientras le haces sexo oral, empieza untarlo y a comerte la miel. ¿Por qué le va a gustar a tu pareja? Uno, porque lo vas a sorprender y, en segundo lugar, porque la salsa, la crema o lo que uses le genera nuevas sensaciones. Recomiendo la miel porque es bien pegajosa, así tus lamidas van a ser mucho más profundas. ¡Ojo! Las sustancias o alimentos azucarados no deben usarse internamente (en la uretra o dentro de la vagina) porque pueden causar infecciones. Úsenlas siempre en forma externa.

 

¿Hiciste alguna vez estos juegos eróticos? ¿Cuál vas a probar esta noche?

 

 

 fuente: entre mujeres

Cómo evitar caer en la rutina en el sexo

La rutina puede ser perjudicial para muchos aspectos de nuestro vida, aunque en ciertas situaciones es necesaria porque nos aporta estabilidad. Cuando llevamos tiempo en un trabajo, con una dieta o con una pareja podemos acabar por cansarnos y perder interés. La rutina puede meterse también en nuestro dormitorio. La pasión inicial que sentíamos al acercarnos a nuestra pareja, los fuegos artificiales que veíamos pueden ir disolviéndose y acabar por desaparecer hasta no quedar apenas unos restos, las cenizas del sexo que teníamos antes.

Las relaciones, en este caso las amorosas, pueden verse especialmente afectadas por la rutina. No es que se acabe el amor o que ya no exista deseo entre los dos por practicar sexo, sino que a fuerza de hacer siempre lo mismo y, en ocasiones de manera sistemática, acaba por resultar monótono y aburrido.

En ocasiones podemos encontrarnos ante una crisis de pareja cuando en realidad lo que ha ocurrido es que hemos caído en la monotonía. Es mucho menos preocupante que cuando se ha acabado el amor o aparecen terceras personas en la relación. Esto tiene solución, generalmente rápida y apenas implica un poco de interés por parre de los dos miembros de la pareja.

Identificar que se trata de una rutina

De ahí que haya que identificar que el problema que existe en la relación viene derivado de la rutina resulta de lo más importante. ¿Cómo hacerlo? Si la situación que nos ocupa en la cama  resulta aún más fácil de identificar, porque los síntomas resultan más que evidentes.

¿Habéis creado un calendario para vuestros determinar qué días de la semana vais a hacer el amor? ¿Vuestras relaciones siempre se desarrollan en el mismo sitio? ¿Practicáis sexo de manera automática, cual si estuvierais en una gymkana en la que hay que ir superando diferentes pruebas? ¿Tenéis dos o tres posturas que realizáis sistemáticamente? Si has contestado que sí a alguna de estas cuestiones es cierto que estáis instalados en la rutina.

Si, además de eso, sentís que en los últimos tiempos no os apetece practicar sexo con vuestra pareja tenéis un problema. La rutina ha hecho mella en vuestras relaciones. El hecho de que no queráis hacer el amor es debido a que no veis que exista ningún tipo de pasión en ello, es considerado poco más que una obligación, un trámite por el que pasar y que no resulta especialmente placentero.

La rutina se puede dar en la cama en una pareja que lleva años junta y en otra que apenas ha empezado a tener relaciones hace unos meses. Puede, incluso que a uno de los dos le afecte y al otro ni siquiera le importe. Esto no es ninguna ciencia exacta, por lo que tampoco hay plazos. Lo que sí es importante es tratar de ponerle remedio pronto, quizás antes de que acabe por hacer mella y uno de los dos vaya a buscar consuelo en otros brazos.

¿Cómo superarlo?

El sexo puede llegar a convertirse en monótono y es entonces cuando hay que recordar lo divertido que es hacer el amor. Basta echarle un poco de imaginación y quizás también algo de picardíaNo es momento de ser tímidos y sí de hablar con vuestra pareja de qué le apetece hacer y compartir aquello que tú deseas.

 

Si fantaseas con nuevas posturas en la cama, con un juego de roles o precisamente con salir de la cama y ponerle algo de chispa y atrevimiento a vuestros momentos sexuales es el momento de plantearlo. Sé tú el que dé el primer paso o pide a la otra persona que lo haga y te pille por sorpresa.

Lo contrario a la rutina, como puede ser practicar sexo en un momento inesperado o en un sitio en el que antes no lo hubierais hecho, es lo que necesitáis para salir de esta situación. Con un poco de interés por las dos partes y la intención de mantener esa diversidad y entretenimiento en el futuro son las claves para no volver a aburriros en el dormitorio.

Ideas para romper con la rutina

La sorpresa y la espontaneidad son importantes para romper con la rutina en vuestras relaciones sexuales, pero en ocasiones no sabes cómo ponerlo en práctica. Por eso os vamos a dar algunos consejos de cómo hacerlo y prestar atención porque no todos tienen que ver con lo que ocurre en el dormitorio.

Es bien sabido que la imaginación es muy poderosa y el hecho de pensar en qué te va a hacer tu pareja en la cama puede hacer que el placer empiece mucho antes de llegar al dormitorio. Déjale notitas, mándale mensajes e incluso atrévete a hacerte alguna foto picante y envíasela. Eso sí, ser precavidos porque en ocasiones sucede que son otros los que acaban recogiendo los mensajes y no el destinatario y podéis crear un momento incómodo.

En el caso de parejas que llevan muchos años juntas es lógico hasta cierto punto caer en la rutina y no prepararse tanto para vuestros momentos especiales. No hablo siquiera de  los preliminares, sino de la ropa interior, haberse depilado y afeitado recientemente,… Todos esos pequeños detalles a los que damos tanta importancia cuando empezamos una relación y que con el tiempo caen en el olvido.. Recupéralos.

Teniendo en cuenta todo lo que hemos visto en este artículo puede que la rutina, si luego se sabe salir airoso de ella, puede ser incluso buena para vuestra relación de pareja. Os puede hacer buscar nuevas cosas y poner un punto de diversión en la cama.

 

fuente: Bekia

Cómo decirle a tu pareja que no quieres nada con ella (y sin que se moleste)

Se suele asegurar que las personas que viven en pareja tienen su vida sexual solucionada, pero la realidad es muy diferente y, desde luego, no es así en todos los casos. La convivencia cotidiana termina cambiando los hábitos sexuales de la relación, que pasa de exprimir al máximo aquellos momentos en que pueden encontrarse a solas, como ocurría durante el noviazgo, a tener todo el tiempo por delante para ellos. Y, junto a esa situación, cada cual tiene sus propios ritmos, sus compromisos y sus apetencias, que pueden seguir caminos muy diferentes.

El cansancio, el estrés, las preocupaciones tanto laborales como familiares, diversas enfermedades u otros factores externos pueden provocar que nos veamos obligados en un mayor número de ocasiones de las que nos gustaría a decir que no a la proposición sexual de la pareja. Harto más complicado resulta si esta no comprende nuestra motivación y sigue insistiendo, algo que nos puede poner en una seria encrucijada que le lleve a plantear dudas sobre la relación (“¿ya no te gusto?”, “¿por qué no es como al principio?”, “¿es que acaso hay otra persona?”).

Ser rechazados es traumático, y es peor aún si se trata de nuestra pareja. A menudo, estas acusaciones que se realizan ante una negativa no son más que una manifestación de la inseguridad que produce el “no”. A nadie le gusta ser rechazado, y menos por alguien que se da por hecho que nos quiere, nos desea y nos respeta. Por eso, hay que ser particularmente cuidadosos con la manera que tenemos en decir que será mejor dejarlo para otro día, pues puede resultar humillante para nuestra pareja y, a largo plazo, poner en peligro nuestra relación.

En un reciente artículo publicado en Salon, la editora Rachel Kramer Bussel recogía algunos de los consejos que, respecto a este tema, había recopilado durante los últimos días y que iban desde simples enseñanzas proporcionadas por gente común a reflexiones cortesía de escritoras como Kristina Wright, autora de Bendición en la cama: la guía para el deseo eterno de una pareja(Cleis Press) . A continuación recogemos algunos de los consejos que podemos decir que ejerzamos nuestro de derecho de decir “no”.

Proporciona una razón

No hay nada más dañino que responder a un flirteo en la cama dando media vuelta y apagando la luz, como si nada hubiese ocurrido. Debemos confiar en la capacidad de nuestra pareja para entendernos y explicarle la razón concreta por la que no nos apetece: en ese caso, la pelota estará en su tejado. Hay que entender, no obstante, que el deseo que los miembros de una pareja sienten no suele ser equivalente, y que, salvo milagrosas excepciones, siempre uno es más sexual que otro (o puede ser que estos roles se intercambien según el momento que atraviese la relación). Un “no” a secas puede dar lugar a una especulación muy peligrosa; “no, porque…” nos ayudará a entender mejor a nuestra pareja.

Manifiesta tus preferencias

Cuando recibimos un “no” por respuesta, quizá estemos haciendo algo mal. ¿Nos preguntamos por qué hemos recibido tal contestación? A veces, el momento no es el adecuado, ni la situación, ni el día, ni la situación mental de la otra persona. Si se explica a la pareja aquello que le ha conducido a rechazar el coito, para la próxima, es más probable que esta se adapte a nuestras preferencias. Si no, seguiremos tropezando una y otra vez en el mismo error.

Date un poco de tiempo

La autora de Bendición en la cama sugiere que nos demos a nosotros mismos un poco de tiempo para ponernos de humor y preparar un estado mental un tanto más atrevido. Cuando nuestra pareja comienza a indicar que le apetece ir a la cama, quizá a nosotros nos pille tan de sorpresa que nuestra reacción inmediata sea decir que no. Bussel propone esperar cinco o diez minutosantes de ser tan tajantes, y utilizar otros recursos externos (la imaginación sexual) para prepararnos.

 

Ante todo, sinceridad

Tan perjudicial es salirse por la tangente sin dar ninguna explicación como decir que sí a regañadientes, simplemente para evitar el conflicto. Hacer el amor cuando no apetece puede provocar que, a la larga, el sexo termine viéndose como una obligación. Si no es el momento adecuado, debemos comunicarlo a la pareja con total confianza.

Si quiere sexo, dale otra cosa

En muchas ocasiones, el problema es el aburrimiento que provoca hacer siempre lo mismo. Decimos que “no” porque ya conocemos a la perfección la película y, sobre todo, cómo va a terminar. Existen otras alternativas sexuales de menor intensidad (la autora propone, por ejemplo, la masturbación mutua) o la posibilidad de probar cosas nuevas para salir de lo habitual, es decir, de lo conocido y lo previsible.

Prevedlo con tiempo

Para muchas personas puede resultar un tanto frío programar los encuentros sexuales, pero no es una alternativa tan descabellada si de esa manera se consigue crear expectación, más ganas y un mejor resultado cuando llegue la hora. Una cena romántica, una escapada, una noche de copas… Pueden ser el prolegómeno ideal. Eso sí, hay que evitar, una vez más, que el plan se convierta en costumbre.

No presiones (pero tampoco contraataques)

Como hemos dicho, decir que no a tu pareja puede resultar violento para ambas personas. Por ello, de igual manera que conviene no insistir si ha quedado claro que no apetece, puesto que hacerlo tan sólo empeorará la situación, tampoco debemos contraatacar y acusar a la otra persona de tener un deseo excesivo, de no tener nunca suficiente o, simple y llanamente, de ser “un guarro/a”. Si ni siquiera con su pareja puede mostrarse tal cual es, ello terminará creando una inseguridad letal en el largo plazo.

Entiéndete a ti mismo

En serio, ¿por qué no quieres hacer el amor? A veces utilizamos la primera respuesta que se nos pasa por la cabeza sin pensar de verdad en lo que hay detrás de ello. ¿Estamos cansados o es que ya no nos atrae nuestra pareja? ¿Es nuestra vida sexual aburrida? El primer e inexcusable paso es entendernos a nosotros mismos, pues sólo de esa manera, podremos explicar a nuestra pareja aquello que nos ocurre, y de esa manera, trabajar juntos para que no exista otro “no” en nuestro futuro (o, si lo hay, lo comprendamos mejor y de manera menos traumática).

 

fuente: el confidencial