Cómo contarle a tu pareja que te gusta el sadomasoquismo

La base para que cualquier relación de pareja funcione es la comunicación. Esto se aplica a cualquier relación sentimental pero es cierto que cobra mayor importancia si es que cabe cuando se trata de sexo. Si no tienes confianza suficiente con la otra personas para decirle qué te gusta y qué no te gusta en la cama lo cierto es que acabará por resultar monótono y sin ningún aliciente y vuestra vida en la cama se estancará.

El sexo es divertido, nunca debemos olvidarnos de ello, y para conseguir que lo sea hay que expresar claramente qué es lo que se quiere hacer. Si quieres probar determinadas posturas o poner en práctica unas fantasías concretas y no te ves con la confianza suficiente como para decírselo a tu pareja esa relación acabará por resentirse. Y lo que es peor, habréis perdido un tiempo en el que podríais haber disfrutado. Nunca sabrás si lo que tu quieres hacer es algo a lo que el otro estaría dispuesto. Puede estar deseándolo tanto como tú.


Hoy en día ya han desaparecido numerosos tabús que existían en torno a determinadas prácticas sexuales. Sin embargo, aún mantienen algunos, en la mayor parte de los casos debido al desconocimiento que existe en este sentido. Y uno de los más desconocidos para la sociedad en general es el sadomasoquismo.

 

¿Qué es el sadomasoquismo?

Se trata de una serie de técnicas que coinciden en el hecho de que mediante la infracción de dolor se consigue un elevado grado de excitación. Puede sentirse por ser quien padece ese dolor o por ser quien lo infringe. Dicho así, y visto por muchos, suena algo agresivo y la primera imagen que se nos viene a la cabeza es la de una persona vestida de cuero y con una fusta.

Sin embargo, como casi todo en esta vida, dentro del sadomasoquismo existen diversos grados. El querer practicar, o al menos probar, el sado no quiere decir que quieras golpear brutalmente a tu pareja ni infringirle dolorde manera intencionada. Todo lo contrario quieres que los dos os excitéis causándoos un dolor que puede ser leve. Es mas, si se alcanza el nivel de excitación adecuado no se resentirá.

Cómo decírselo

Si te encuentras en la situación de querer probar el sadomasquismo has de hablar con tu pareja. La confianza es necesaria, así que no vale el pillarle un día por sorpresa y aparecer con una fusta y vendarle los ojos. Puedes mandarle un mensaje contradictorio y, lo que es aún peor, asustarle para tener sexo contigo.

Lo mejor es aprovechar un momento de distensión e intimidad para lanzar el tema. Puede ser incluso después de unos encuentros sexuales. Tampoco has de hacerlo de manera brusca, sino introducirlo poco a poco como si fuera una conversación casual.Pregúntale qué posturas le apetece probar en la cama y a partir de ahí dile qué te gustaría a ti.

Si en el momento en que pronuncias la palabra sadomasoquismo ves que reacciona bien e incluso se entusiasma por el tema no tendrás problema para cumplir tu fantasía.Bastará hablar algo más del asunto, qué queréis y qué no admitís los dos y establecer una contraseña de seguridad para evitar que la cosa se os vaya de las manos y os acabéis por causar verdadero dolor.

En el caso de que sea reticente e incluso se niegue tienes dos opciones: dar la batalla por perdida o insistir. Nuestra recomendación es que sigas hablando del tema aunque si ves que tu pareja se niega en redondo déjalo pasar, porque lo que empezó como una sugerencia puede acabar en una discusión.

Si tu pareja se muestra receptiva a practicar sadomasoquismo o al menos no se niega en redondo lo importante es mostrarle qué es a lo que te refieres. Y dentro de esta tendencia sexual decirle exactamente qué es lo que tu quieres. Si sois principiantes lo mejor es empezar con dosis bajas de dolor y, si veis que os excita, ir incrementando hasta donde queráis.

Para ello lo más recomendable acudir a material audiovisual. Como ya os comentábamos existen diversos grados de dolor dentro de esta práctica y lo más adecuado es mostrarle el nivel de intensidad que buscas. Pídele su opinión y si no está de acuerdo con determinadas prácticas y posturas hablarlo y modificar el plan. En Reina Pícara encontrarás muchos productos que te ayudarán a iniciarte en el mundo del sadomasoquismo, te asesorarán y te ayudarán a adquirir aquellos idóneos para el nivel que buscas.

Confianza y seguridad

El sexo es una cuestión de confianza. Si la tenéis uno en el otro seréis capaces de dejaros llevar sin miedo a casi nada. También es cierto que cuando uno de los dos ya ha practicado este tipo de tendencias sexuales con otras parejas de cama da cierta seguridad, porque sabe cómo funcionan las cosas y qué hacer en determinados momentos. Se convierte en el guía del otro, algo que cuando se trata de sexo puede llegar a ser tan estimulante como determinadas prácticas o posturas.

Sin embargo si alguno de los dos miembros de la relación no está seguro de practicar sadomasoquismo es mejor que no lo hagáis. Podéis posponerlo para otro momento, esperar a un día en que se encuentre más cómodo o profundizar en vuestra investigación antes de dar el paso.

 

 

 

fuente: Bekia

Descubre el Bondage

En el mundo del sexo hay pocas cosas prohibidas a estas alturas. Cada vez perdemos más los complejos y nos atrevemos a probar cosas nuevas en la cama, o en cualquier otro espacio posible en el que dar rienda suelta a la pasión y al amor. Si quieres probar cosas nuevas con tu pareja el bondage es una de las prácticas a tener en cuenta.

Básicamente el bondage consiste en inmovilizar al otro y que éste confíe totalmente en su pareja. Simplemente con esto bastará para excitar a ambos, el sumiso y el que actúa por iniciativa propia. No es una cuestión de amor, sino de confianza y respeto mutuo. Las posibilidades son muchas y la intensidad de los juegos varía sustancialmente en función de lo que cada uno quiera. De este modo se puede empezar por un nivel básico y, si la pareja está conforme y disfruta con ello, ir incrementando la inmovilización y el nivel de placer.

Como cualquier otra práctica de sexo, lo principal es llegar a un acuerdo con la pareja acerca de lo que se va a hacer, que está permitido y que no. Uno ha de actuar como dominante frente al otro, que estará inmovilizado, así que la confianza ha de ser plena. De no ser así es mejor evitar este tipo de prácticas porque las cosas pueden acabar muy mal.

 

Cómo empezar

Tal y como os comentábamos la esencia del bondage es la inmovilización de uno de los miembros de la pareja. Lo habitual para conseguirlo es atar los brazos o también los brazos y las piernas. En función del gusto de cada uno se pueden tapar los ojos e incluso usar el dolor para excitarse mutuamente.

Aunque si sois novatos en este terreno del sexo, más vale dejarlo para más adelante y empezar por lo que podríamos calificar como bondage suave. Un miembro de la pareja ha de ser el dominante y otro el sumiso, pero se pueden intercambiar los roles en sucesivas sesiones. Eso ya queda al gusto de cada uno.

Hay que tener en cuenta que mientras se practica bondage, una de las partes puede alcanzar un nivel de excitación muy elevado y no percatarse de si su pareja está a gusto. Además, puede darse la situación de que el sumiso no pueda expresarse del modo más adecuado o sus peticiones de liberación puedan ser entendidas como parte del rol en el que está metido.

Por ello, antes de empezar con los nudos lo básico es elegir una palabra clave. Esta os dará seguridad y permitirá que si en un momento dado uno de los dos no se encuentra cómodo el otro pare al escuchar ese vocablo. Como consejo: elegir una palabra que no suela ser utilizada mientras se practica sexo ni tenga unas connotaciones específicas. Así evitaréis equivocaciones.

Qué necesitas

Para empezar a practicar bondage no es necesario comprar productos especializados. Podéis improvisar una sesión en casa con cosas de lo más habituales que cualquiera puede tener a mano. Lo principal es atar a un miembro de la pareja. Podéis hacerlo con un pañuelo o incluso con una cuerda o lazos. Pero cuidado con el objeto porque si es demasiado rudimentario puede acabar por hacer daño. Es recomendable tener a mano unas tijeras por si habéis hecho demasiado fuertes los nudos y hay que liberar a la pareja rápidamente.

Si lo que queréis es tener el kit del profesional hay varias piezas imprescindibles y que podréis encontrar en Reina Pícara.

Unas esposas -existen multitud de modelos entre los que elegir- para atar a tu pareja son lo básico. A ellas súmale un antifaz para que no pueda ver lo que le haces. Y para los más arriesgados, un látigo o fusta con el que azotar al sumiso.

También podéis encontrar cintas para atar en colores neón, fustas o arneses. Luego sólo deberéis dejar volar vuestra imaginación y dejaros llevar por vuestra pareja.

 

Adaptar un rol

En el bondage, como en la mayor parte de prácticas sexuales, la imagen y lo que ésta representa es muy importante. Al tratarse de una sumisión ya de por si se adopta un rol. No es una relación en la que las dos partes estén en igualdad de condiciones, ni en la que se trate de mostrar amor hacia la otra persona.

Por eso existen complementos y ropa de lo más sugestionable para estas prácticas. Lo cierto es que el catálogo textil se centra únicamente en la mujer que podrá lucir medias, corsés, encaje y lencería de lo más variada. Bien pensado, buena parte de ellas se pueden usar en cualquier momento para hacer el amor o excitar a vuestra pareja. Incluso se pueden usar pelucas o un maquillaje diferente y atrevido para meterse en el papel que están interpretando.

A la hora de practicar sexo ya hemos hablado en varias ocasiones de que lo fundamental es que todas las personas implicadas estén de acuerdo en qué hacer y tengan confianza plena. Por ello en el caso del bondage es necesario establecer unos límites, si se consideran necesarios, y decidir que se quiere hacer y que no. Si tienes dudas es mejor decir que no. La sumisión es un juego cuyo fin es excitar, no que pases miedo o te sientas inseguro.

 

Bondage sin penetración

Quienes lo practican aseguran que el nivel de excitación es tal que en ocasiones se puede practicar bondage sin llegar a la penetración. El que ejerce el rol de amo se excita ante el poder que tiene sobre la otra persona, a la que puede hacer todo lo que quiera -siempre y cuando entre dentro de los límites marcados y a los que nos referíamos con anterioridad.

Sin embargo, los que lo han probado aseguran que el nivel de excitación del que actúa como sumiso es aún mayor. La sensación de indefensión, de estar en manos de otra persona y no saber qué ocurrirá, puede llegar a provocar sensaciones tan placenteras o más que un orgasmo. De ahí que el bondage no siempre se complete con la penetración, sino que se quede en un juego.

Es un juego que puede ganar intensidad, porque puede consistir en atar a tu compañero de cama y jugar con él, a taparle los ojos e incluso practicar sadomasoquismo o realizar penetraciones con objetos de lo más peculiares. La imaginación en este terreno es libre pero siempre y cuando haya consentimiento por las dos partes.

 

fuente: Bekia