Tres lecciones para aprender a tener orgasmos

Casi la mitad de las mujeres sufre anorgasmia en alguna ocasión, es decir, se ven incapacitadas para llegar al orgasmo. Si recorriésemos su cerebro, hallaríamos que lo han sellado con una gruesa capa de tretas e inhibiciones que vetan el paso a la sexualidad. Si observásemos el de una mujer que disfruta de su erotismo, lo encontraríamos, sin embargo, lleno de imágenes sensuales, escenas obscenas o deseos ocultos muy útiles para activar e intensificar la maquinaria que lleva al orgasmo femenino.

Puede que, en un intento de ponerle cara a las primeras, nos vengan a la mente personas recatadas y quizá un tanto atormentadas. Nada más lejos de la verdad: “Le ocurre a cualquier mujer y en el momento más insospechado, porque la pasión humana y el deseo femenino son muy susceptibles. Pueden inhibirse por desidia en la pareja, alteraciones hormonales, estrés u otras circunstancias vitales pasajeras. Peor aún, hay mujeres que jamás han disfrutado de un orgasmo. Ni durante el coito, ni a través de otra práctica sexual”, explica el psicólogo Fernando Villadangos, presidente de la Sociedad de Sexología Al Garaia.

Afortunadamente, el orgasmo se puede aprender y el primer paso consiste en despertar nuestra mente erótica. Aunque solamente un 10% de las afectadas recurre a terapia para solucionar su impericia a la hora de disfrutar, existen entrenamientos específicos muy eficaces para que nuestros órganos sexuales -incluido el cerebro- respondan eróticamente.

El orgasmo debería suceder de manera natural cuando la mujer acumula excitación sexual, pero a veces esta habilidad necesita un aprendizaje  personalizado en el que cada mujer descubre de qué manera quiere alcanzarlo. “No debemos considerarlo una situación patológica, sino más bien como una falta de maña y de conocimiento de nuestro cuerpo. Por eso no hay píldora que pueda remediar la situación”, aclara Villadangos, Él ha ideado un programa de trabajo erótico que incluye las tres dimensiones del deseo sexual: la disposición psicológica y emocional, los estímulos internos y externos y, por último, la activación física. “Excepto si hay una enfermedad física o mental grave, o un conflicto en la pareja insuperable, todas las mujeres son capaces de aprender a llegar al clímax”.

El psicólogo propone una guía fascinante para recorrer el cuerpo y explorar qué pasa en nuestras cabezas y en nuestros órganos sexuales. Una especie de alquimia que dará como recompensa el orgasmo y la posibilidad de disfrutar de una sexualidad plena. La terapia se adapta a cada mujer (o pareja, si la hubiera) con un programa erótico que incluye ejercicios para practicar de forma individual y juntos. Por lo general, en unos meses se soluciona y la efectividad es del 100%.

 

1 – Autoestimulación. Aunque no existe un único camino para llegar al orgasmo, la estimulación del clítoris y los labios menores es un paso casi obligado para lograrlo. Es el modo más sencillo y eficaz. La mujer aprende a concentrarse en distintas zonas de su cuerpo para después explorarlas y sentirlas. Cuando tienen experiencia en masturbación -algo bastante infrecuente en las mujeres que se quejan de falta de orgasmo- responden más fácilmente a la terapia, según el Instituto Andaluz de Sexología y Psicología. Lo principal es dedicar un tiempo a darse placer. Relajada, sin prisas, sin más objetivo que descubrir el propio cuerpo y llenar la imaginación. La masturbación debe entenderse como una experiencia positiva, saludable y muy intensa. Si dejásemos volar a nuestra cabeza, nos llevaría a lugares inesperados. Supone además un magnífico entrenamiento para después intentar el orgasmo con la penetración, una vez que se han desbloqueado miedos y ansiedades. Toda mujer debería saber que es más fácil un orgasmo por estimulación externa que por el coito o penetración, pero muchas personas están confundidas en este punto crucial.

2 – Erotización. Devolverle el protagonismo sexual a la mujer y dejarle que exprese su sexualidad de manera natural y positiva. No existe un programa erótico universal. Villadangos insiste en que hay que analizar en cada mujer qué bloqueos le impiden disfrutar sexualmente. “Pueden ser factores de tipo psicológico como el miedo al descontrol, la vergüenza por expresarse sexualmente, estar demasiado pendiente del placer de tu pareja o no resultar atractiva físicamente”. Cuando esto pasa, el coito no facilita la erótica femenina, ya que deja de lado sus necesidades sexuales y la mujer acaba disfrutando del orgasmo por estimulación externa de los órganos geniales. En las terapias el psicólogo observa que persiste un modelo sexual demasiado centrado en las formas de disfrute de los hombres que lleva a muchas mujeres a adaptarse en exceso a las preferencias de su pareja (ritmo y prácticas sexuales) y a no atender lo que realmente las excita o les resulta válido eróticamente. Por eso, esta segunda lección finaliza marcando una estrategia de comunicación con la pareja. El primer consejo es hablar sobre ello y planteárselo como un descubrimiento para enriquecer la sexualidad. “La falta de orgasmo o la dificultad para lograrlo no es una enfermedad, sino la señal de que no estamos atendiendo las necesidades sexuales de la mujer. Por tanto, es inteligente dar a conocer a la pareja la anatomía y fisiología sexual femenina y realizar unas tareas eróticas adaptadas a cada caso”.

3- Gimnasia sexual. El ejercicio físico constituye la tercera lección estupenda para fortalecer los músculos en general, conseguir un mejor flujo sanguíneo, mejorar la capacidad de oxigenación y ejercitar los músculos que intervienen durante el orgasmo y permitirán un mejor desempeño sexual.

Abdominales, elevaciones de cadera, sentadillas, ejercicios de Kegel, etc. Además, la falta de deseo nace en ocasiones por la insatisfacción física o el miedo a no resultar atractiva. Mantener un cuerpo ágil ayuda a descubrir el placer de mostrarse desnuda y de ser acariciada en ciertas zonas. La mujer tendrá entonces la certeza de que todo cuerpo posee la capacidad de dar y recibir placer.

Es necesario ponerse en acción de inmediato, antes de que la relación de pareja se deteriore de modo irreversible y para recuperar el orgasmo como la expresión natural y más elocuente de nuestro goce.

 

 

fuente: yo dona

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